“De lo que cuento oralmente, me importa si es bello y su calidad literaria, nada más”.

Claudio cuenta. Tiene 4 años. Está parado en la puerta de la cocina de la casa de su infancia. La puerta es rosa. Él se balancea y juega mientras escucha a su madre: “Había una vieja, virueja, virueja, de pico picotueja de pomporerá. Tenía tres hijos, virijos, virijos, de pico picotijo de pomporerá”. La cocina no tiene alacenas, solo una mesa grande de madera. “En mi casa no había libros”, recuerda Claudio. Pero su mamá le contaba y cantaba nanas, versos, historias de tradición oral mientras cocinaba. “Uno iba a la escuela, viruela, viruela, de pico, picotuela, de pomporerá”. Así conoció la belleza de las palabras, su sabor, su musicalidad, y entrenó el oído, sin saberlo, para contar historias, para adaptar cuentos, novelas, canciones, poemas…

Cuando narra, Claudio respeta el texto original lo más posible porque le interesa que la voz del autor se reconozca a través de su voz.

“Yo quiero contar el cuento, no la anécdota, la literatura es el arte de las palabras, quiero transmitir ese arte. Respeto los textos porque cada autor tiene una música, una partitura, una cadencia. Rescato esa música desde la oralidad, me interesa que cuando cuente se note que estoy contando a Cortázar, a Borges o a Cabal”.

Para elegir un libro que habrá que adaptar en voz alta, recomienda Claudio dos puntos fundamentales

1. El placer de uno con ese libro. “Dice Ana Maria Machado que uno no puede enseñar a leer, es más bien un contagio. Si uno transmite esa pasión esa energía, el niño va a querer eso”.

2. Textos de calidad. “A veces un buen cuento salva a un mal lector o narrador porque tiene una buena estructura que te sostiene y contiene. Historias, como decía Enrique Anderson Imbert, con un sentido urgente de finalidad: qué más, qué más y qué más”.

con_la_bolsitaEn su casa no había libros, dijo, pero luego se corrige. No. Sí había. Uno, uno solo en realidad. Sus padres lo usaban de pata para la cama. Pero ese libro, el único, recuerda Claudio. Fue muy significativo. Era “Nunca más”. Un clásico argentino que recopiló las declaraciones de muchos desaparecidos y torturados en la dictadura militar de su país.

“Me marcó muchísimo, de hecho los primeros cuentos que comencé a narrar oralmente tenían que ver con la dictadura”.

Y entonces dice sobre el arte de la narración oral:

“Acaso se trate de asegurar la identidad. Acaso se trate de comprender ciertos hechos de nuestras vidas desentrañando misterios de otras vidas. Acaso se trate de un intento de recuperación y de reparación de uno mismo”.

 

CLAUDIO VA A CLASES DE INGLÉS


Claudio Ledesma niño2Claudio Ledesma, una de las figuras más importantes de la narración oral en Latinoamérica y serio promotor de la LIJ, nació en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires.

Entró a la literatura por el escenario del teatro. Una vez, de chico, lo llevaron del colegio a ver una obra en el Teatro Roma.

“Cuando vi la obra sentí que algo me atravesaba, que quería ser eso, pero tenía 11 años, no sabía qué se estudiaba, ni cómo ni dónde ni con quién”.

Esa noche le costó dormirse. El efecto del asombro lo hacía vibrar por dentro. Quería más de eso. Necesitaba más.

Al otro día lo levantó un impulso nervioso y urgente. Se hizo la rata (se fue de pinta, no fue a la escuela), se siguió de largo en el colectivo y regresó al teatro. Tocó en la boletería y le dijo al boletero: “Quiero estudiar teatro”. El boletero le explicó que ahí no se enseñaba teatro pero le recomendó un centro cultural que estaba en la siguiente cuadra. Era la Escuela de Teatro de Avellaneda. Claudio volvió a tocar. No. No tenía edad suficiente para inscribirse.

La desilusión de vuelta a casa duró poco. Ese mismo día cayó en sus manos una revistita del barrio donde promovían unas clases de teatro en un centro de jubilados llamado “Nueva vida”.

Nueva vida. “Era una señal”, recuerda Claudio. Y empezó.

“Estuve como diez años con los jubilados, yo era el único chico. Para mí fue un universo nuevo del cual estaba ávido, empecé a absorber como una esponja”.

Su adolescencia transcurrió en ese centro, rodeado de adultos. Tomaban mate, salían a comer, a tomar café, a ver obras de teatro… y en la noche ensayaban.

Sus padres creían que iba a clases de inglés. Nunca les dijo que estudiaba teatro. Era más práctico para él decir que aprendía inglés. Pensaba en su futuro. Nadie cuestionó eso. El teatro, esa distracción para los bohemios, hubiera sido más difícil de justificar.

A la fecha, sus padres nunca han visto uno de sus espectáculos como narrador oral. Claudio lo acepta con naturalidad.

“Ellos son gente muy sencilla. Mi papá es plomero, mi mamá es ama de casa. Viven en San Telmo, son muy vergonzosos. No asisten a ese tipo de cosas”.

Así que, de alguna manera, la afición por las historias, los escenarios, la literatura, sigue siendo un secreto a los ojos de sus padres. Y Claudio, nunca aprendió inglés.

Hace traducciones de cuentos a un idioma que entienden chicos y adultos en ferias del libro, cafés literarios, librerías, universidades, plazas, parques y teatros; dese la Patagonia hasta Zacatecas, México, y cruzando el Atlántico hasta la península Ibérica: la narración oral.

 

LOS CUENTOS DENTRO

Claudio Ledesma teatroCuando tuvo la edad suficiente, Claudio terminó estudios de actuación en la escuela del Teatro Roma, al que había ido de niño con el colegio. Y cuando tuvo que elegir una carrera se decidió por un profesorado de castellano, literatura y latín.

“Me dije: voy a ser docente, trabajaré en colegios y haré teatro en mis horas libres. Y en el tercer año del profesorado estaba sentado en un café pensando que me faltaba un año para recibirme, que iba a dar clases en 50 colegios y me iba a morir de hambre igual”.

Así que ese mismo año se inscribió en la Escuela Nacional de Arte Dramático (hoy IUNA). Tomó talleres de clown, pantomima, música, y el último año descubrió una técnica distinta que lograba juntar sus dos pasiones: la literatura y el teatro, a través del acto de contar cuentos. Había descubierto en voz propia la narración oral.

Terminó ambas carreras, el profesorado y el teatro, pero nunca ejerció ni como maestro ni como actor de manera profesional.

Pronto entró en el mundo de los cuentacuentos como un joven extraño, ajeno a ese territorio que en aquel momento estaba integrado casi totalmente por mujeres mayores de 60. Otra vez era un chico en un mundo de adultos. Pero así había crecido, con sus queridos jubilados, y se sintió otra vez en casa.

Y cómodo. Claudio dice que el cuentacuentos lleva consigo y a cualquier lugar una biblioteca.

“A nivel producción, el cuentacuentos no depende de un elenco, vestuario, escenografía, utilería… soy yo y los cuentos dentro, una especie de biblioteca oral itinerante, viajo con los textos”.

 

CRUZAR EL PUENTE HACIA LA LIJ


jornadas-lij-2012El vínculo con la LIJ sucedió hace varios años cuando Victoria Penni lo invitó como cuentacuentos al congreso: Cuando llueve, perros y gatos leen: encuentro en torno a la  lectura y literatura infantil juvenil, al sur del mundo, organizado por el Centro Lector de Osorno, en la Patagonia chilena.

Victoria fue una de las muchas mujeres importantes en su vida. Dora Apo fue otra, ella le enseñó el arte de contar cuentos, y Graciela Beatriz Cabal, precursora, visionaria y revolucionara de la LIJ, marcó su camino en esta literatura.

“Ella fue un antes y un después en mi carrera. Uno no volvía a ser el mismo después de escuchar a Graciela. Memorizaba sus cuentos. La oía contar y hacía reír y llorar a todos con su poder de comunicación”.

Hablo con Claudio y lo escucho acompañado. Invita a otros cuando responde y siento que no solo lo entrevisto a él, también dan su testimonio Barthes, Pessoa, Ana María Machado, Michèle Petit, Neruda, Saint-Exupéry, Vasconcelos, Concha López, Benedetti, Galeano, Denevi, Abelardo Castillo, Liliana Heker, Manuel Peña Muñoz y, sobre todo, Graciela Beatriz Cabal:

“Una de las cosas que pasan de una vez y para siempre en la infancia son los primeros encuentros con los libros. De ahí la importancia de la calidad de esos primeros encuentros, de esas primeras escenas de lectura…”.

Jornadas LIJ 2013 2

Esa frase de Cabal, una de las favoritas de Claudio, le sirve también cuando presenta por escrito uno de sus proyectos más amplios: las Jornadas Internacionales de Literatura Infantil y Juvenil. Las organiza desde hace cinco años en Argentina y Chile, y desde este año también en Cuba.

 

Jornadas LIJ 2015 Jornadas LIJ 2014

En las Jornadas siempre hay un cuentacuentos en las mesas de diálogo, presentando y cerrando las ponencias con una narración.

“La idea fue cruzar estos dos puentes que no se cruzaban: Cuentacuentos y LIJ. Cada mesa tiene un narrador y eso da un tono artístico a las presentaciones. La narración oral es una invitación a leer, aunque no es un objetivo. La narración oral tiene un objetivo artístico y estético en sí mismo. Como arte, como género, como acto de belleza. La promoción de lectura es una consecuencia, pero no un fin”.

Muchos años, continúa Claudio, la LIJ y los cuentacuentos estuvieron muy separados, pero cada vez se ven más como aliados, una vía de salida para el libro. Igual que si se adaptara una novela al teatro o al cine, la narración oral es una adaptación que promueve el trabajo de los autores. 

Palabra míaClaudio también es el director del Festival Internacional de Narración Oral: Palabra Mía, el más largo de América Latina. Lo creó hace 13 años, dura dos meses y lo lleva a teatros, universidades, parques, colegios, librerías, hospitales, cárceles de 19 provincias de Argentina.

Ambos proyectos son posibles gracias al Instituto Nacional de Teatro.

 

VIVIR DE LOS LIBROS

“Otro iba al estudio, virudio, virudio, de pico, picotudio, de pomporerá”. Claudio oye la voz de su madre y juega con esa voz, la disfruta. 

“Disfruto muchísimo de las cosas que hago, todo, todo el tiempo. Todo lo que hago es una excusa para contar cuentos y entrar en este mundo mágico de la literatura. Aquí sé que hay sapos que son príncipes y calabazas para hacer puchero que se transforman en carruajes de oro puro. La magia nos puede sorprender en cada momento, ese es mi trabajo, en realidad”.

Claudito y mujer maravillaOtro iba al colegio, viregio, viregio, de pico, picotegio, de pomporerá. Claudio viaja todo el tiempo, imparte talleres, tiene un programa de radio, escribe en medios, da charlas, pero no busca dejar mensajes ni aclararle nada a nadie ni dar respuestas, aunque está consciente del poder de los cuentos para cambiar vidas:

“Los cuentos te permiten identificar, simbolizar, sublimar. Como dice Bioy Casares agregarle un cuarto a la casa de la vida, poder hacer cosas que en la existencia común no podrías hacer. Pueden modificar su realidad. Los cuentos muestran que uno a través del esfuerzo, del trabajo, de la perseverancia, puede vencer a los gigantes, como decía Bettelheim en su Psicoanálisis de cuentos de hadas, quedarse con la más linda de las princesas. Uno puede modificar su destino, de hecho yo la he modificado, de vivir en una casa de padres que jamás habían leído un libro, que tenían uno solo como pata de la cama, a dedicarme ahora a los libros, a vivir de los libros. Nadie tiene su destino marcado”.

Y así termina este cuento, viruento, viruento, de pico, picotuento, de pomporerá.

 

Sobre el arte de contar cuentos en voz alta

Cuento porque a mí primero el cuento me suena en la oreja, y es una forma de buscar mi voz propia. Y soy yo el que cambio al contar las historias, al buscar mi voz, la misma voz para decir distintas cosas. O acaso la misma cosa, la misma historia.

Los cuentacuentos somos de hablar. Y no acostumbramos a pedir por favor la palabra. Ni tampoco la cedemos tan fácilmente. Y nos gusta y nos divierte inventar nuevas palabras. Y también nos gusta volver a la vida las palabras que han quedado secas y vacías de tanto mal uso.

Como contador profesional de historias he investigado, contado y usado la narración oral como una herramienta terapéutica, pedagógica y escénica.

El cuento sucede en una sala de hospital, en un geriátrico, en un aula, en un café, en un teatro.

El cuentacuentos, a través de su voz, de sus gestos y de sus movimientos, traslada a los interlocutores (no digo “público” porque el vinculo de comunicación es tan fuerte que el oyente participa en forma directa, creando en su imaginación y con su historia, el cuento que escucha) a otros escenarios.

La forma de brindar y generar ese vínculo se ve necesariamente modificado por el espacio y las expectativas de cada interlocutor.

Uno cuenta con el público, no para el público.

 

MÁS DE CLAUDIO:

www.facebook.com/claudiocuentos


 

JORNADAS INTERNACIONALES DE LIJ 2015

Jornadas LIJ 2015Las Jornadas Internacionales de Literatura Infantil y Juvenil buscan difundir corrientes clásicas y contemporáneas de la literatura infantil universal e iberoamericana; así como fomentar su investigación y propiciar iniciativas creativas para divulgarlas.

Invitados: Ana Garralón, Sergio Andricaín, Diego Lebro, Julio Llanes, Adolfo Córdova, Federico Ivanier, Silvia Schujer, Graciela Perriconi, Susana Itzcovich, Isol, Sandra Comino, Lidia Blanco, Graciela Bialet, Laura Escudero, Liliana Cinetto, Ana Padovani, entre otras y otros.

Coordina: Círculo de Cuentacuentos. Organiza: Claudio Ledesma. Apoya: Instituto Nacional de Teatro y Cuentería, Escuela Latinoamericana de Cuentacuentos.

Sedes: Del 23 al 25 de abril en Santiago de Chile, y en Argentina: del 27 al 30 de abril en Córdoba, del 4 al 6 de mayo en Mendoza, del 7 al 8 de mayo en San Fernando, del 9 al 10 de mayo en Buenos Aires, del 12 al 16 de mayo en Misiones, del 17 al 19 de mayo en Chaco, del 21 al 23 de mayo en Tierra del Fuego, del 29 al 31 de mayo en Mar del Plata.

Informes: circulocuentos@gmail.com

 

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10 Comentarios »

  1. Emocionante tu historia Claudio, me encanta como has tomado lo mas bello de la vida y en cuanto a tu arte de narración oral , no tengo palabras para definir lo que provocas en el alma del oyente, Admirable!

  2. Querido Claudio sos un ser especial. Siempre dispuesto, siempre uniendonos en el corazon a todos los que estamos a tu alrededor, siempre organizando una contada o una comida, siempre transmitiendo alegria amistad. Las fotos son divinas. Y que vivan los cuentos Padrino

  3. Soy una ráfaga del VIENTO NORTE de Chaco, grupo de cuentacuentos que salió de tu Taller de Narración Oral Escénica hace dos años y medio. Seguimos en el camino generoso de las palabras y no nos cansamos de contar. Tu historia continúa, maestro.

  4. Claudio, fuiste mi primer Maestro, y en mi corazón, seguís siendo el MEJOR. Tu generosidad, talento y bonhomía me hicieron quererte cada año más, respetarte y admirarte, tanto como creador y persona. Es maravilloso todo lo que hiciste y continuás haciendo por el mundo “palabrero”, como lo llamo.
    Deseo hondamente q siga toda tu trayectoria plena de crecimiento, alegrías, luz y mucho compartir.

    “Y nos gusta y nos divierte inventar nuevas palabras. Y también nos gusta volver a la vida las palabras que han quedado secas y vacías de tanto mal uso”.

    Esta frase tuya, me parece tan exacta y poética! Eso hacemos, ir al “rescate” de lo que ya no “sirve” y volverlo a la vida, como a veces, las personas vuelven a sentirse “vivas”, cuando escuchan cuentos….Te quiero mucho. Besos. Graciela

  5. Al leer la entrevista,escucho tu voz, veo tus gestos te veo en el escenario deleitandonos.Sos una gran persona y gran maestro!!!Todo lo que tocas con tu varita mágica, brilla.Trabajador incansable,gestor de grandes ideas.Te mereces se reconocimiento y muchos más.
    MABEL

  6. CLAUDIO QUERIDO, NO ME CANSO DE LEER TU HISTORIA Y VOS SABÉS QUE LA ESCUCHÉ DE TU BOCA.
    TE ADMIRO Y TE QUIERO AMIGO!!!!
    MARTA

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