Una propuesta y una bibliografía esencial de especialistas como Cecilia Bajour, Paula Rivera Donoso y María Teresa Andrueto para pensar los cánones. 


En el camino hacia la selección de los mejores libros, de las lecturas más asombrosas, para conformar una biblioteca infantil y juvenil, para recomendar en el salón de clases o a los niños que tenemos cerca, para proponer un itinerario que forme lectores, surge una palabra clave: ¡clásicos! Sí, clásicos. ¿Pero cuáles? Infantiles y juveniles, sí, pero… ¿cuáles? ¿Empezamos desde Perrault o buscamos en las Fábulas de Esopo, en el Panchatantra, en Las mil y una noches? ¿Clásicos para quién, de dónde, de cuándo, para quién? Necesitamos acotar, seleccionar, definir un corpus.

¿Recurrimos, entonces, al pretensioso prócer de los cánones modernos, Harold Bloom? ¿A sus polémicos Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades o a su Canon Occidental (que tiene algunos cuantos autores para niños)?

¿Buscamos entre las listas que prometen un centenar de tesoros: 100 joyas de la literatura infantil ilustrada (Blume)? ¿Aunque sea un tesoro algo remoto e inaccesible, con títulos que difícilmente se consiguen? ¿O nos sumergimos en los 1001 libros que hay que leer antes de crecer (Grijalbo), casi todos europeos y estadounidenses? ¿Será mejor acercamos a las listas un poco más medidas: De Robinson Crusoe a Peter Pan: un canon de literatura juvenil (Ariel), Hitos de la literatura infantil y juvenil iberoamericana (SM Ediciones)? ¿O buscamos un poquito en todos lados?

¿Es más clásico Lewis Carroll que José Martí o Rubén Darío? ¿Son clásicos porque fueron precursores? ¿Para que sea clásico tiene que estar muerto el autor? ¿Son clásicos los libros o los autores? ¿Roald Dahl es un clásico? ¿La historia interminable es un clásico? ¿Harry Potter es un clásico? ¿Son clásicos si son bestseller o si ya hicieron la película? (¿Y qué es mejor el libro o la película?) ¿Consultamos a doctores en Letras Clásicas o Letras Inglesas o Letras Hispánicas? ¿A los niños y jóvenes lectores? ¿A un ganador de un Premio Hans Christian Andersen? (¿O mejor a un Astrid Lindgren?) ¿A Pippi Calzas Largas? ¿Al librero de confianza? ¿A nuestro maestro de la primaria? ¿¿A un booktuber?? ¡¿¡¿A quién?!?!

¡¡Clásicos!! ¡Sí! ¡Montones de clásicos!, pero ¿¿CUÁLES??

¡Que no cunda el pánico!

Pidamos ayuda a Peter Pan.

O, más específicamente, a su creador, J. M. Barrie, que en las primeras páginas de la novela dice:

No sé si habrán visto alguna vez un mapa de la mente de una persona. Los médicos a veces dibujan mapas de otras partes de su cuerpo, y su propio mapa puede resultar muy interesante, pero habría que verlos intentando dibujar el mapa de la mente de un niño, que no sólo está en desorden, sino que no para de dar vueltas. Se ven líneas en zigzag, como las que dibujan los médicos en una ficha cuando alguien tiene fiebre; estas líneas deben ser las carreteras de la isla, puesto que el País de Nunca Jamás es siempre más o menos una isla, con sorprendentes manchas de color aquí y allá; y arrecifes de coral y naves que parecen volar a lo lejos; y salvajes y guaridas solitarias; y gnomos que son casi todos sastres, y cuevas por las que pasa un río; y príncipes con seis hermanos mayores; y una cabaña a punto de desmoronarse; y una anciana muy pequeña con la nariz torcida.

Sería un mapa muy sencillo si sólo hubiera esto; pero también tenemos el primer día de colegio, la religión, los padres, el estanque redondo, el punto de aguja, los asesinatos, los ahorcados, los verbos que rigen dativo, el día del postre de chocolate, el día en que nos ponemos tirantes, las sonrisas obligadas, los tres peniques por arrancarnos un diente nosotros solos, y demás; y esto último puede formar parte de la isla o aparecer en un mapa superpuesto, con lo cual resulta bastante confuso, ya que para colmo de males todo ello está en constante movimiento.

Propongo que volvamos teoría las palabras de Barrie. Que se constituyan como una ideología detrás de nuestra práctica. Que pensemos en el canon como un mapa de Nunca Jamás con sorprendentes manchas de color aquí y allá; y arrecifes de coral y naves que parecen volar a lo lejos… en constante movimiento.

No son solamente palabras bonitas. Pensémoslo realmente como una gramática en la elaboración de nuestros cánones propios (no tengamos miedo de usar la palabra “canon”). Si el mapa de la mente de un niño tiene igual barcos voladores, guaridas solitarias y postres de chocolate que ancianas con la nariz torcida, sonrisas obligadas, ahorcados y asesinatos, nuestros recorridos de clásicos deberían ser diversos, producto de una búsqueda exhaustiva que vaya a nuevos lugares y fuentes, que se extienda y sea tan particular como nosotros. Un canon vivo.

Esta idea se enlaza con otra que Barrie propone también y que termina de cerrar esta teoría: ese mapa, la mente del niño, es un País de Nunca Jamás siempre distinto. Así explica los países de los hermanos Wendy, John y Michael:

Como es lógico, los Países del Nunca Jamás son muy distintos. El de John, por ejemplo, tenía una laguna con flamencos que volaban por encima y que John cazaba con una escopeta, mientras que Michael, que era muy pequeño, tenía un flamenco con lagunas que volaban por encima. John vivía en una barca encallada del revés en la arena, Michael en una tienda india, Wendy en una casa de hojas muy bien cosidas. John no tenía amigos, Michael tenía amigos por la noche, Wendy tenía un lobito abandonado por sus padres; pero en general los Países de Nunca Jamás tienen un parecido de familia y si se colocaran inmóviles en fila uno tras otro se podría decir que las narices son idénticas, etcétera. A estas mágicas tierras arriban siempre los niños con sus barquillas cuando juegan.

También nosotros hemos estado allí: aún podemos oír el ruido del oleaje, aunque ya no desembarcaremos jamás.

Mi propuesta para ustedes: desembarcar. La descripción de los Países de Nunca Jamás de Barrie me parece brillante porque no sigue ningún molde. Tiene algo de onírica, caótica, absurda: Michael (…) tenía un flamenco con lagunas que volaban por encima (…). John no tenía amigos, Michael tenía amigos por la noche…

La libertad con la que escribe Barrie es la libertad que será bueno tener en mente al preparar nuestros recorridos lectores. Ya sea que necesitemos elegir una serie de libros para leer en una escuela, en una biblioteca, para recomendar a otros mediadores…  Muchas veces podemos organizar nuestro recorrido o nuestro canon a partir de una intención específica, por ejemplo tratar con un grupo de niños el tema de la muerte, o pensando en un lector meta, como un grupo de niños que viven marginados en una vecindad. No quiere decir que buscaremos libros de “vecindades” ni que los veremos con una etiqueta, pero tomarlo en cuenta puede servirnos para que las lecturas que compartamos con ellos tengan más éxito. Conocerlos, preguntarles y permitirles que ellos también armen su propio recorrido lector, que alimenten el nuestro.

Quizá también puedan armar una colección de cuentos o de poesías (como si fueran antologadores) o un listado de libros bajo una temática específica (historias de fantasmas, historias de guerras, historias de seres fantásticos, libros de lobos, libros con nuevas versiones de clásicos, etc.). O pedir a nuestros amigos, niños y adultos, libros favoritos, libros que les cambiaron la vida y hacer un canon con ellos. Hay muchas ideas. La pregunta clave es cuál los atrapa a ustedes, ¿cuál es el recorrido o los recorridos lectores que quieren emprender? Desembarquen, sálganse del molde, propongan zigzags.

Un canon de Nunca Jamás y nunca jamás un solo canon.

¿IR O VOLVER A LOS CLÁSICOS?

Pensemos en nuestra propia definición de clásicos a partir de preguntas. A mí me interesa esta: ¿Vamos o volvemos a los clásicos? Vamos, a veces, como si fuera la primera vez, porque nunca los hemos leído, pero volvemos, como si los conociéramos, porque forman parte de una cultura rica en soportes, medios y adaptaciones que ya nos ha dado señales de esas historias.

Volvemos, entonces, porque tal vez no vimos la película, pero nos contó la historia una abuela. Vamos porque desconocíamos que había una segunda aventura de Alicia o un final distinto para La Sirenita.

Vamos porque los caminos de llegada son siempre distintos, pero volvemos porque los clásicos siempre están detrás de nosotros.

Tracemos un círculo imaginario. La mitad del círculo tiene la palabra IR y la otra mitad VOLVER. Ir y volver. El diálogo entre el presente y el pasado articulará nuestro itinerario: volvamos a las obras, pero vamos a mirarlas como si fuera la primera vez.

BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL PARA PENSAR LOS CÁNONES:

5 TEXTOS REFERENCIALES

En el camino que emprenderemos hacia la conformación de un canon propio los invito a que revisen los siguientes artículos:

1. Abrir o cerrar mundos: hacia la elección de un canon de Cecilia Bajour.

Al reflexionar sobre el canon en su cruce con la lectura como una práctica cultural, cuestionamos el carácter normalizador y ajeno del canon y esto permite que nos apropiemos, que confiemos en la posibilidad de generar acciones y teorías situadas en el territorio de nuestras prácticas. Un territorio de fronteras abiertas, hospitalario y permeable en vez de ser autorreferencial y acorazado. Una forma posible de pensarlo es a través de la recreación de una escena de lectura que me gusta provocar y armar: una mesa de libros. Es decir, una mesa cubierta por libros que uno eligió para compartir con niños. Una selección que invita a su vez a elegir y a reflexionar sobre ese acto de elección… Leer más aquí

2. Algunas cuestiones en torno al canon de María Teresa Andruetto. 

Sucede con algunos libros: abren en nosotros una grieta que no nos permite olvidarlos. No se trata exactamente de los mejores libros, sino de aquellos que nos disparan una flecha que, como el amor, como el amado, no flecha a todos por igual. No atesoramos el libro mejor escrito sino aquél que, poseedor de un punctum que lo aloja en nuestra memoria, sigue preguntándonos acerca de nosotros mismos… Leer el artículo completo aquí.

3. Algunas ideas sobre la selección de textos literarios de Marcela Carranza.

Clasificaciones por edades y preceptos de todo tipo, abundan para impedir que los niños aborden textos que supuestamente no están destinados a ellos por su edad, por su extracción social, por sus circunstancias personales… Sin embargo la historia misma de la literatura es rica en situaciones de encuentro entre los niños/jóvenes y los textos no destinados a ellos. Robinson Crusoe, Las mil y una noches, Los viajes de Gulliver, los cuentos populares de la tradición oral, no fueron pensados ni escritos para niños y sin embargo pasaron a formar parte de la biblioteca infantil universal durante siglos. Leer el artículo completo aquí.

4. “Tu canon no, el mío sí”: las listas de LIJ como propuestas de lectura de Paula Rivera Donoso.

Me atrevería a decir que todo lector hispanoamericano tiene un puñado de Barcos de Vapor surcando las aguas de sus memorias infantiles, algunos más encantadores que otros. No importa qué tan especializados podamos ser: creo que es imposible apartarse del todo de las obras que leíste en tu infancia si te preguntan por las mejores obras infantiles. Leer el artículo completo aquí.

5. Venturas y desventuras del canon literario en la escuela. Ni en cementerios ni en museos de Claudia López.

En el caso de la escuela, las elecciones de los docentes y bibliotecarios se encuentran en una encrucijada. Un entramado de diferentes cánones se conjugan a la hora de elegir, (…) el oficial, el crítico, el accesible y el personal. Leer un fragmento más del artículo aquí 

 

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Una versión de este texto fue escrita originalmente para el curso “Otra vez había una vez” del seminario en línea “Al día con los libros para niños y jóvenes” del Laboratorio Emilia de Formación.

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5 Comentarios »

  1. Con tanta intertextualidad flagrante, una globalización cultural creciendo en proporción geométrica (también en dimensión ilustrada) y unos arquetipos anquilosados o fosilizados por el psicoanálisis de los cuentos de hadas (no sólo el de Bettelheim) dan ganas de gritar como los piratas en un barco a la deriva: “¡Entremos todos o sálgase el que pueda!”, y QUE CONSTE QUE NO CONSIDERO que la catalogación de clásicos de literatura infantil carezca de instrumentos para ser rigurosa o fiable, pero la cuestión radica precisamente en recopilar y profundizar en el uso y abuso de tales herramientas con sus criterios congruentes. Y a ver quien da con ese tesoro sin dilapidarlo en bagatelas.

  2. Muchas gracias por compartir tan importantes reflexiones, la realización de un canon es importantísima y ojalá podemos incluir en ella autores valiosos latinoamericanos modernos, como son los autores ecuatorianos de la talla de Edna Iturralde, Leonor Bravo, María Fernanda Heredia y otros que se han ganado varios reconocimientos por combinar la calidad literaria y el toque de humor necesarios para hacer un buen libro infantil y juvenil.
    Saludos,
    Susana Espinosa

    • Gracias, Susana, disculpa que conteste tantos meses después. Así es, pero creo que el canon que mejor funciona es el canon propio. Un recorrido personal de autores en el que puedan entrar todos los que nos resuenan o que sirvan para un propósito de mediación en particular. Confiar luego que esos itinerarios lectores personales puedan resonar en muchos más. Apoyo totalmente tu idea de incluir a autores latinoamericanos. Me parece lamentable que muchas editoriales miren primero qué hay fuera, qué pueden traducir, qué funcionó en Estados Unidos o Europa antes de fijarse en los países vecinos. En fin… pero algo se va logrando ya para dar visibilidad a la región. Gracias por tu comentario. Seguimos pensado. Un abrazo. Adolfo

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