El 21 de marzo de 1917 nació en la Ciudad de México una niña que habría de crecer rodeada de historias fantásticas y terribles, y que seguiría siempre así, decidida a transmitir a otras niñas y niños el encanto, la crudeza y la magia de esas historias contadas con la voz.

“¿Quieres que te cuente un cuento? Que el burrito está contento y la burra está enojada”, decía Pascuala entre hadas, niños de oro, caballitos de plata, pájaros habladores, conejos tramposos, coyotes despistados y hasta una nana que cuidaba al mismísimo diablo.

Sus relatos, mezcla del folclor nacional con el cuento de hadas europeo, respetan las reglas del género y lo llevan a un territorio nuevo: un paisaje en el que reconocemos cerros y canciones, juegos y animales, plantas, alimentos y nombres mexicanos. 

100 años cumpliría hoy María Teresa Castelló Yturbide, quien, para honrar a una de las nanas de su infancia, Pascuala Corona, firmó sus libros con su nombre.

Pionera de la literatura infantil en México, antes de cumplir 30 años de edad, la joven “Tere Primavera”, como le decía cariñosamente su padre, publicó algunas de esas historias que “contaban antaño nuestras abuelitas, nuestras madres y nuestras nanas”, en el libro Cuentos mexicanos para niños (Porrúa, 1945; Conaculta-Alas y Raices, 2014). 

También inauguró, hace más de 25 años, la emblemática colección A la Orilla del viento del FCE con El pozo de los ratones y otros cuentos al calor del fogón (1991). El cuento que da nombre al libro fue publicado el año pasado en una fantástica edición bilingüe, español-náhuatl, con ilustraciones de David Daniel Álvarez.

Estudiosa del arte popular y la cocina indígena mexicana, egresada de la Escuela Nacional de Arte “La Esmeralda”, impulsora de las artesanas mixtecas y promotora cultural, recibió numerosos reconocimientos por su labor, como el Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada por el conjunto de su obra, en 2010, y la medalla Marie Curie de la UNESCO por su labor a favor de la infancia y la cultura en México, en 2014. Además, algunos de sus libros integran el prestigiado catálogo White Ravens y fueron seleccionados para distribuirse en las bibliotecas escolares de todo el país. 

Pascuala casi celebra su centenario de vida, pues murió apenas hace dos años, el 20 de enero de 2015. La celebramos hoy nosotros, agradecidos por ese legado de historias fantásticas y terribles que nos cuentan quiénes somos.

 

 

LOS LIBROS PARA NIÑOS DE PASCUALA

Cuentos mexicanos para niños (Porrúa, 1945); Cuentos de rancho (SEP, 1952); Tres colorantes prehispánicos (Patria-Piñata, 1985); Cuentos de Pascuala (SEP, 1986); Sangalote (CIDCLI, 1987); Seda (Patria-Piñata, 1987); El niño dulcero (CIDCLI, 1987); El señor Don Gato (Petra, 1987); El pozo de los ratones y otros cuentos al calor del fogón (con ilustraciones de Blanca Dorantes, FCE, 1991); La Frasterita (CONACULTA, 1997); El morralito de ocelote (CONACULTA, 1998); Baulito de cuentos contados por Pascuala Corona (CONACULTA/Ediciones Norma, 2003); La leyenda de la China Poblana (Ediciones Tecolote, 2007); Mi abuela Romualda (Ediciones Tecolote, 2007); Isidro labrador: quita el agua y pon el sol (Ediciones Tecolote, 2007); Quetzalcóatl y la hormiga maicera (Ediciones Tecolote, 2009).

 

CRÓNICA DE UN ENCUENTRO AFORTUNADO

El año pasado tuve un encuentro afortunado: conocí a Juan Carlos Jiménez, hasta ese momento sólo amigo del Facebook. Caminamos y platicamos un buen rato en el Parque Ecológico de Cuernavaca, ambos habíamos sido invitados a la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Morelos, y ahí me hizo una narración sorprendente que derivó en el último homenaje en vida que tuvo Pascuala. Y hoy, para celebrarla, la comparte con nosotros. Gracias a Juan Carlos por su generosidad y por escribirla en tiempo récord: una muestra más del gran afecto que le tiene a Pascuala. Un gesto generoso también con el blog y otra prueba de cómo doña Tere sigue tejiendo gente e historias.

 

Buscando a Pascuala Corona

Juan Carlos Jiménez*

 

“Esta nana que se llamaba Pascuala Corona estuvo con mi abuela, desde que ella era muy joven, y cuando se casó se la llevó a vivir con ella. La acompañó toda su vida. Nunca se casó, era de Pátzcuaro. Esta viejita nos entretenía, como ninguna otra, porque sabía muchas historias. Por eso escribo con el pseudónimo de Pascuala Corona”.

Teresa Castelló Yturbide

 

Tienen ustedes para bien saber y yo para mal contar, cómo llegué a los cuentos de “Pascuala Corona”, y de cómo éstos nos llevaron, a mí y a unos niños, a un encuentro afortunado.

Hace seis años conocí a Iván Zepeda, un narrador de historias de Córdoba, Veracruz. Hablando con él, me dijo que muchas de las historias qué él contaba, las aprendió de los cuentos de “Pascuala Corona”. Le confesé que no la conocía y le pedí que me hablara más de ella. Esa tarde, entre cuentos y anécdotas, supe que María Teresa Castelló Yturbide adoptó el pseudónimo de “Pascuala Corona” en reconocimiento a una nana que le contó cuentos y leyendas en la casa de su abuela en Pátzcuaro. Que doña Tere, con cuaderno en mano, con mucha curiosidad y desde el fondo de su memoria, recuperó estos cuentos de la tradición popular, de una nana de por aquí y de otra de por allá, en las cocinas, los mercados, los talleres de artesanos, y los acercó a los niños. Sus libros de relatos populares la consagraron como una de las pioneras de la literatura infantil mexicana.

Desde el principio, esta mujer me fascinó. Cuando empecé a leer sus cuentos, me di cuenta de una cosa: en cada “Había una vez” se asomaba un México lleno de imaginación, de misterio y fantasía. Un México profundamente mágico. Descubrir estos divertidos cuentos, sembró en mí una inquietud: preservar el legado de Pascuala Corona y hacerle un homenaje con un trabajo hecho por niños.

Así que en noviembre de 2013, en el Museo Franz Mayer, uní esfuerzos con un equipo de colaboradores, para acompañar el trabajo de los niños, en el taller infantil: Taller en vida niños-Homenaje a Pascuala Corona.

Iván Zepeda, Carmen Lop, Arturo Negrete, Santiago Tassier, Isaac Cruz, Luis Téllez y los increíbles niños Sebastián Mendoza, Aldo Sáenz, David Ferrari, Emiliano Bañuelas, Mariana Tassier, Valeria Hernández, Samantha Sáenz, Sofía Córdova, Circe Cruz, Fabricio Jiménez, Gabriela Terán, Marco Ferrari, y Mariana Cruz fueron los compañeros de viaje en esta gran aventura.

Durante tres días jugamos a hacer el libro El pozo de los ratones. Como resultado del taller se hizo un tiraje de 140 ejemplares, impresos en serigrafía, ilustrados por niños y encuadernados a mano, para honrar la memoria de Pascuala. Pero el día de la presentación del libro faltaba nuestra homenajeada.

Con la ayuda de varios amigos intenté localizar y contactar a doña Tere y a su familia, para invitarlas al homenaje, pero desafortunadamente no obtuvimos respuesta. Cuando parecía que no había manera en el mundo de localizarla, un día una amiga me escribió para decirme que tenía que asistir un domingo a la presentación de un libro en la FILIJ, ese día se presentaba Cuentos Mexicanos para niños de Pascuala Corona, publicado por Alas y raíces. Acudí con la esperanza de contactar a doña Tere o, con un poco suerte, a algún familiar, pero ninguno de ellos acudió a la presentación. Me acerqué a uno de los presentadores, al escritor Felipe Garrido, para ver si me daba alguna pista sobre el paradero de doña Tere. Me dijo que él era amigo de Pascuala y que creía que ella no había acudido a la presentación porque ya estaba en edad muy avanzada (96 años). Además me comentó que ella vivía en Pátzcuaro y que seguramente ya no viajaba mucho.

Cuando Felipe me dio esta pista, el increíble libro que los niños habían ilustrado con tanto cariño ya estaba terminado y yo quería regalárselo a Pascuala.

Pasaron los días y el nombre de Pátzcuaro rebotaba en mi cabeza. Así que, sin pensarlo mucho, una mañana de Navidad del 2013, maleta en mano y con una gran corazonada, me lancé a la aventura de encontrarla. Acompañado de mi hijo Fabricio y de la ilustradora de la portada del libro, Carmen Lop, viajamos con destino a la ciudad de Pátzcuaro. No llevábamos ninguna dirección, nuestra idea era preguntar por ella entre los pobladores, pensábamos que como era una reconocida escritora seguramente alguien de la ciudad nos diría dónde vivía.

Empezamos por la plaza principal del pueblo. Andamos buscando a Doña Tere Castelló… ¿no la conoce? Es una importante escritora para niños, ¿no? También le dicen Pascuala, Pascuala Corona, ¿no? Nos acercamos a varias personas, pero nadie la conocía. Intentamos más. Fuimos con el que vendía helados, entramos al mercado… Nada. Para nuestro asombro, nadie podía darnos ninguna señal de Doña Tere.

Cuando estábamos a punto de renunciar a la misión, decidimos ir a preguntar a la Presidencia Municipal. Ahí nos recibió un amable muchacho que nos recomendó ir a una tienda de artesanías que estaba al final de los arcos de la plaza principal. Ahí trabajaba don Miguel, alias “El Chino”, él era el cronista de la ciudad y seguramente podía darnos alguna otra pista.

Con el ánimo recobrado, salimos de volada a la tienda a buscar al “Chino”.

¡No estaba!

La encargada nos dijo que había salido a comer. Le explicamos que veníamos de la Ciudad de México y que nos urgía localizarlo para preguntarle sobre el paradero de una destacada escritora llamada María Teresa Castelló Yturbide, mejor conocida como Pascuala Corona, que sabíamos que vivía ahí en Pátzcuaro. Vía telefónica logré comunicarme con don Miguel y le conté todo lo que sabía sobre Pascuala, le detallé nuestro viaje y nuestra desesperación por encontrarla. Cuando finalmente le pregunté, temeroso de escuchar otra respuesta negativa, si de casualidad la conocía, “El Chino” guardó silencio y, luego de unos segundos, recibí una inesperada respuesta: Sí la conozco, yo fui su asistente durante 17 años.

¡No lo podíamos creer! La voz del “Chino” era un eslabón que le daba sentido y esperanza a nuestra búsqueda.

Luego me dijo que tenía una mala noticia. Se me hizo un nudo en la garganta, pensé el peor de los escenarios… Doña Tere, Pascuala Corona, no vive en Pátzcuaro, ella vive en la Ciudad de México. ¡¿Qué?! Parecía una broma, habíamos viajado hasta Pátzcuaro, sólo para enterarnos que la persona que buscábamos vivía en nuestra propia ciudad.

Pese a nuestra caprichosa suerte, todavía nos esperaba otra sorpresa.

Ya entrada la tarde nos reunimos con don Miguel. Nos contó muchas anécdotas del tiempo en que trabajó con doña Tere y ya cuando íbamos a despedirnos nos preguntó que si queríamos conocer la casa de la abuela de doña Tere, donde había vivido la nana Pascuala Corona. ¡Aceptamos! Por supuesto.

Al llegar a la casa, nos enteramos que ese misma día, dos horas antes, habían llegado de visita a Pátzcuaro Beatriz y Tere Campos, dos de las hijas de doña Tere. La fortuna, como en un cuento mexicano para niños, empezaba a sonreírnos.

Y para no hacerles el cuento largo, al final del día ya estábamos en una amena plática con ellas dos en el interior de la casa. Conversamos largo y tendido, frente a la chimenea encendida, en la sala de la casa de la abuela. Ahí, donde seguramente nacieron muchas de las historias que se siguen leyendo y contando en sus libros.

Les platicamos en qué había consistido el taller-homenaje, la razón por la cuál habíamos ido a buscarla y todos nuestros intentos previos. Después les mostramos el libro. Estaban sorprendidas de nuestra aventura y muy felices de este azaroso encuentro. Esa misma noche, pactamos la visita a la casa de su mamá para conocerla y llevarle su libro en compañía de todos los que habíamos sido parte del taller.

El sábado 4 de enero del año 2014, una amorosa Pascuala Corona de 96 años, nos recibió con una rosca de reyes y una refrescante agua de jamaica en el jardín de su casa en Lomas de Chapultepec. Pasamos la tarde conversando con ella, con su hija Tere y con su nieta. En este afortunado encuentro le obsequiamos su libro, lo leímos juntos, comentamos, reímos y disfrutamos de la compañía de aquella cariñosa narradora a la que le gustaba sentirse rodeada de niños. A los niños dedicó sus cuentos y su vida. Entre besos y abrazos, ese tarde vivimos el privilegio de honrarla en vida.

Tres meses después nos volvimos a encontrar con ella en Ibby México. El 26 de abril de 2014 al mediodía, doña Tere cortaba el listón de la inauguración de los dibujos originales que hicimos para su libro. Iván Zepeda contó El pozo de los ratones. Ella firmó libros, se tomó fotos, se le veía muy contenta. Y nosotros más contentos de estar con ella.

Un año más tarde, el 20 de enero de 2015, a los 97 años, fallece doña Tere. Su familia nos cuenta que a ella la había hecho muy feliz ese homenaje.

Este encuentro y toda esta aventura me dejó grandes enseñanzas y el compromiso de seguir leyendo y contando los cuentos de Pascuala Corona, para honrar la palabra y la memoria en las historias y leyendas de la tradición oral de nuestro país.

 

 

*Juan Carlos Jiménez se formó en la UAM-Xochimilco. Se dedica a trabajar y jugar con letras y dibujos en Matanga + taller de diseño. También ha jugado con voz, música y ruidos produciendo radio para la Comisión de Derechos Humanos del D.F., Grupo 7, Radio Red y el IMER. Ha desarrollado e impartido talleres gráfica, animación de la lectura, y escritura, trabajando con niños y jóvenes. Como tallerista y narrador forma parte de los programas Alas y raíces, FILIJ, Regaladores de Palabras. Gusta de generar alianzas y contribuir en proyectos creativos de diseño, ilustración y arte con contenido social, histórico y didáctico.

 

Fotografía de portada de Mauricio de María Campos Díaz Barriga (primer nieto de Pascuala)/ archivo personal de la escritora/Cortesía del Fondo de Cultura Económica.

Las fotografías de la crónica fueron cortesía de Juan Carlos Jiménez. 

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2 Comentarios »

  1. Conmovedor, suerte que su legado permane a través de sus libros. Que importante preservar nuestras tradiciones orales, muchas gracias por esta crónica.

    • Muchas gracias, Liliana. Así es, nos quedan los cuentos de Pascuala. A nosotros nos toca hacerlos circular, recomendarlos, leerlos con niños y jóvenes, para fortalecer nuestra identidad y recuperar memoria. La experiencia de Juan Carlos y esta crónica que nos compartió es fantástica, muy emocionante, coincido contigo. ¡Un abrazo!

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