Inspirada en la serie de cuentos de la escritora inglesa Beatrix Potter, naturalista adelantada y pionera en la destreza de escribir, ilustrar y publicar historias para niños pequeños, este mes se estrena en diversos países de Latinoamérica la película “Las travesuras de Peter Rabbit” (Sony Pictures Animation, 2018). Aunque la adaptación tiene como eje el primer libro que publicó Beatrix, El cuento del Conejo Pedro (The tale of Peter Rabbit, Frederick Warne & Co, 1902), veremos reunidos en la pantalla a otros personajes de sus libros haciendo acrobacias para mantener la atención del espectador… sin mucha gracia.

Imagen de “Las travesuras de Peter Rabbit” (Sony Pictures Animation, 2018).

Como leerán en el relato original, que incluyo íntegro en esta entrada, el primer reto de los guionistas era extender y transformar una narración muy breve en un largometraje de animación y live-action con la pirotecnia de la que hizo escuela Disney al adaptar clásicos literarios. Pero igual que Peter Jackson con su forzada trilogía de “El Hobbit” (Warner Bros., 2012, 2013, 2014) o más cercano aún a la desafortunada “Alicia a través del espejo” (Disney, 2016) de James Bobin, esta adaptación se siente forzada y pareciera sólo tomar “prestado” el nombre del libro para proponer un tono totalmente distinto al de Potter. La alternativa era válida, pero resultó una comedia de humor físico plagada de clichés. 

Sabemos que la naturaleza de las adaptaciones es convertir una cosa en otra, así que exigir fidelidad total a un original es absurdo (aunque igual sucede y conocidas son las pasiones vindicativas que desata una adaptación “infiel”). De hecho, para algunos, entre más se diferencie una adaptación del original, cuánto mejor use el lenguaje cinematográfico para sostener una nueva narrativa, mayor será su posibilidad de emanciparse y ser reconocida como una nueva obra independiente del original. 

Ahí están “El fantástico Señor Zorro” de Wes Anderson o “Shrek” de Andrew Adamson y Vicky Jensonya o “Jumanji” de Joe Johnston, y estirando aún más los límites de la adaptación libre, las emblemáticas “Apocalipsis ahora” (El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad), “Blade runner” (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick) o, incluso, la primera película en la historia que incorporó efectos especiales y recreó un mundo fantástico (de ciencia ficción), la célebre “Viaje a la Luna” de George Mélies (aquí más que “adaptación libre”, sería mejor decir “inspirada en” las novelas De la Tierra a la luna de Julio Verne, y Los primeros hombres en la Luna, de H. G. Wells).

En realidad, cualquier adaptación, por mala que sea, es una nueva obra, pero algunas son recordadas siempre en comparación con la original y para reforzar el prejuicio de “es mejor el libro”.

 

 

La gracia para algunos consiste en “respetar el espíritu” de la historia original. A cada adaptador corresponde suscribir o no esta aspiración casi mística, pero alguna clave encierra si pensamos en adaptaciones cinematográficas como la saga de Harry Potter o la trilogía de El señor de los anillos que más o menos tuvieron conformes a los lectores fanáticos.

El caso de “Las travesuras de Peter Rabbit” dividirá opiniones. O puede que el consenso general sea más negativo. No es sólo que se aleje de ese “espíritu” más conmovedor y sencillo de los cuentos originales o que al intentar retratar a un conejo “cool” y moderno los guionistas crearan un personaje antipático que hace que uno se encariñe más con el villano; ni siquiera es el abuso de las secuencias de montaje musicalizadas (esas tomas cortas que ilustran un mismo tema; por ejemplo, cuando un personaje pasa por diferentes entrenamientos previos a una batalla -Rocky entrenándose antes de una pelea) o los chistes malos o el intento poco convincente de hacer una crítica a las películas ñoñas; la gran falla de esta adaptación es, según creo, la más básica: no pasa nada, 90 minutos de película con el mismo argumento del cuento original repetido hasta el cansancio. Conejo travieso y con hambre que entra a robar a la huerta del señor McGregor, enemigo mítico de los conejos, que ya en el pasado convirtió al padre de Peter en un pay. Una y otra y otra vez sin que se renueve el Había una vez… No hubo la necesaria reelaboración de la trama de un cuento de apenas dos páginas.

Cuando al señor McGregor le dé un infarto (no es spoiler, sucede en los primeros 15 minutos de la película), un nuevo McGregor, un sobrino lejano, vendrá a ocuparse de la casa y el huerto y así la disputa entre humanos desquiciados y animales fanfarrones continuará por siempre. Muy a la Bugs Bunny y Elmer. De hecho, este Peter es más cercano a ese conejo de la Warner Bros. o a Roger Rabbit (“¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, Robert Zemeckis, 1988), que al conejo blanco de Carroll o al original de Potter.  

Y es que precisamente la película abreva del teatro del humor físico, luego cine de humor físico o slapstick, en el que los personajes se llenan de explosivos los pantalones, se pegan con mazos y pueden soportar que los aplaste un piano o un yunque marca ACME y luego continuar persiguiendo a su presa. Como Tom y Jerry (y más aún la parodia de los Simpsons, Tom y Daly), El Coyote y el Correcaminos, Piolín y Silvestre, etc. En ese sentido “Las travesuras de Peter Rabbit” recupera esa tradición y por ello seguramente resultará catártica y entretenida, incluso hilarante, para muchos espectadores. Su incorrección política en un mundo infantil edulcorado y ese Peter pícaro tenían potencial (por más que a muchos choque el exceso de castigos violentos), pero el director no se decide: termina llenando de culpas a Peter y dándole un rol de cupido de telenovela: deberá reconciliar a unos novios (el sobrino McGregor y la vecina) para que haya un final feliz y él aprenda a ser “bueno”.

Por otro lado, algunas incorrecciones políticas sí resultan desafortunadas: estereotipos de género (el espíritu Victoriano en las hermanas de Peter parece lo único que se “respetó” de la época de Beatrix Potter) y el ataque a una persona alérgica con aquello que provoca su alergia (escena que desató polémica en Reino Unido y Estados Unidos).

 

 

Al surtido de desaciertos (quizá los productores consideraron que apropiarse de un personaje famoso garantizaba la taquilla sin importar la calidad del filme) se suma uno que me hizo ruido en particular.

El personaje de la vecina del Señor McGregor, interpretado por Rose Byrne, es un mal logrado homenaje a Beatrix Potter. Esta mujer ama a los animales y pinta. Vemos en su estudio las ilustraciones originales de Beatrix como si hubiera sido ella quien las creó, pero las considera menores, su “verdadero talento” está plasmado en una suerte de “arte abstracto” bobalicón del que la película se burla abiertamente.

Beatrix Potter fue una adelantada a su tiempo no sólo porque creó una colección de libros de bolsillo que se atesora (ella se involucró en el diseño y concibió “ediciones especiales” que se vendían más caras), fue una gran pintora naturalista y estudiosa de la flora, quería entrar a estudiar al Real Jardín Botánico de Kew para especializarse en botánica, pero no le fue permitido por ser mujer. Incluso escribió un ensayo sobre una observación inédita en la germinación de las esporas que se desestimó por el mismo motivo. (Hace poco terminé de leer una magnífica novela El árbol de las mentiras de Frances Hardinge (Ediciones Castillo, 2017) que bien podría haberse inspirado en parte en mujeres como Beatrix Potter. En la novela, una adolescente desea ser científica contra la moral ortodoxa de su época.)

 

 

Beatrix poco a poco fue resignándose a esa actividad más “inofensiva” y “propia” de su género: escribir e ilustrar libros para niños. La sorpresa para sus contemporáneos fue que revolucionó el mercado: libros pequeños para pequeños, ilustrados y escritos por una mujer y en saga.

Si hoy viviera quizá se hubiera embarcado en alguna pelea legal como hiciera Michael Ende contra los adaptadores de La historia interminable. O quizá, simplemente, no hubiera cedido los derechos a Sony Pictures Animation, pues Disney intentó comprárselos en vida y ella siempre se negó.

Eso sí, más allá de todo lo que se le pueda criticar a la película rescato dos cosas: el realismo de los animales hubiera complacido a Potter, que amaba el dibujo anatómico, y seguramente el filme contribuirá a que más lectores se enteren de la existencia de esta autora. Lo dice alguien que creció en una ciudad donde los más parecido a una librería o biblioteca era el videocentro. Allí recuerdo haber rentado “La historia sin fin 2” y el videojuego de Nintendo de “Las aventuras de Tom Sawyer”, ambas adaptaciones consideradas infames por muchos y, sin embargo, a mí me fascinaron en su momento y me hicieron buscar muchos años después los libros y más adaptaciones.

 

Beatrix Potter (1866-1943) y su conejo travieso

Corre por el jardín persiguiendo a un conejo; sigue con la mirada el vuelo de una oca; acaricia el musgo que crece sobre una piedra. A Beatrix Potter le encanta observar la naturaleza y fijarla en sus cuadernos: quiere dibujarlo todo. Por eso disfruta pasar los veranos en el campo de Escocia, acompañada de sus padres y su hermano. Allí dibuja, persigue animales y hace ramos de flores. De regreso a su casa, en Londres, no asiste a la escuela, pero tiene distintas institutrices que le dan clases a domicilio.

A los veinticuatro años, Beatrix compra un conejo al que bautiza con el nombre de Peter. Lo quiere tanto que le inventa historias que luego escribe, ilustra y envía, en 1893, al hijo de una de sus antiguas institutrices. Al leer los cuentos, la institutriz le sugiere a Beatrix que publique un libro. La joven autora se entusiasma y lleva “El cuento del Conejo Peter” (The tale of Peter Rabbit) a seis editoriales, pero ninguna se interesa en publicarlo. Entonces, en 1901, ella misma decide imprimir doscientos cincuenta ejemplares. Un ejemplar, por cierto, es comprado y elogiado por Arthur Conan Doyle, el ya desde aquella época famoso creador de Sherlock Holmes (hoy, algunas copias de aquella primera edición se venden por 75 mil libras, unos 105 mil dólares).

Tiempo después, en 1902, un editor finalmente decide publicar 8 mil ejemplares del cuento de Peter y, muy pronto, muchos más, para conformar la serie de 23 libros escritos e ilustrados por Beatrix. ¡Resulta que se venden como pan caliente en toda Inglaterra! Nadie antes había hecho libros como los de Beatrix Potter: de un formato pequeño, pensado para que lo manipularan los niños, y que combinaran ilustraciones e historias que suceden dentro de los árboles, en madrigueras y en bosquecillos cercanos a granjas, con animales que hablan y visten chalecos, capas y sombreros. Y aunque haya inventado personajes muy bien portados, recordamos sobre todo a sus protagonistas desobedientes y curiosos, como Peter, el conejo más buscado y escurridizo de Inglaterra.

El año pasado publicamos el libro La hoguera de bronce (Secretaría de Cultura), en el que incluí este cuento, traducido por Kenya Bello, y que reproducimos a continuación:

 

Peter, el conejo travieso

Había una vez cuatro conejitos llamados Flopsi, Mopsi, Colita de algodón y Peter.

Vivían con su mamá en un banco de arena, bajo la raíz de un abeto.

—Ahora, queridos —dijo una mañana la vieja Señora Conejo—, pueden ir al campo o andar por la vereda, pero no vayan al jardín del señor McGregor, su padre tuvo un accidente ahí: la señora McGregor lo puso dentro de una tarta. Váyanse a correr por ahí y no hagan travesuras —finalizó.

La vieja Señora Conejo tomó una canasta y su paraguas, luego caminó por el bosque hasta llegar con el panadero. Compró una barra de pan negro y cinco bollos de grosella. Flopsi, Mopsi y Colita de algodón, que eran conejitas buenas, descendieron por una vereda para recoger zarzamoras.

Pero Peter, que era muy travieso, se fue corriendo directamente al jardín del señor McGregor ¡y se metió por debajo de una reja!

Primero se comió algunas lechugas y algunos ejotes, después se comió algunos rábanos. Luego, como ya se sentía algo mal, fue a buscar un poco de perejil. Pero al dar la vuelta a una rejilla de pepinos, se encontró con el señor McGregor.

El señor McGregor estaba de rodillas trasplantando unas coles tiernas, pero se puso de pie y salió corriendo tras Peter, blandiendo un rastrillo y gritando:

—¡Alto, ladrón!

Peter estaba muerto de miedo, dio vueltas por todo el jardín porque había olvidado cuál era el camino hacia la reja.

Perdió uno de sus zapatos entre las coles y el otro entre las papas. Después de perderlos, corrió en cuatro patas, así es que iba más rápido. Y creo que hubiera logrado escaparse si desafortunadamente no hubiera pasado por una red para grosellas y uno de los botones de su abrigo no se hubieran enganchado ahí. Era un abrigo azul con botones de latón, muy nuevo.

Peter pensó que estaba perdido y derramó grandes lágrimas; pero sus sollozos fueron oídos por unos gorriones simpáticos, que volaron hacia él con gran entusiasmo y le imploraron que no se rindiera.

El señor McGregor encontró una red que quería lanzar inesperadamente sobre Peter, pero él se zafó a tiempo y abandonó ahí su abrigo. Se fue a toda prisa al cobertizo y saltó dentro de una regadera de plantas. Hubiera sido un magnífico escondite a no ser porque tenía mucha agua.

El señor McGregor estaba muy seguro de que Peter estaba en algún lugar del cobertizo, quizás escondido debajo de una maceta, así que empezó a alzarlas con cuidado, mirando debajo de cada una. De pronto, Peter estornudó: ¡Aachú!, y el señor McGregor avanzó hacia él inmediatamente. Trató de patearlo, pero Peter saltó por una ventana, aplastando tres plantas. La ventana era demasiado pequeña para el señor McGregor, que estaba cansado de perseguir a Peter, así que volvió a lo que estaba haciendo.

Peter se sentó para descansar; no tenía aliento, temblaba de miedo y no tenía ni la menor idea de cómo irse. También estaba empapado, por haberse metido en esa regadera. Luego de un rato comenzó a avanzar, dando pequeños saltos —plop, plop—, no muy rápido y viendo hacia todos lados.

Encontró una puerta en la cerca del jardín, pero estaba cerrada y no había espacio para que un conejito barrigón se escapara por debajo.

Una ratona vieja iba y venía por el umbral de la puerta, llevando chícharos y frijoles para su familia en el bosque. Peter le preguntó cómo llegaba a la reja, pero ella tenía un chícharo tan grande dentro de la boca que no le podía contestar, sólo movió la cabeza de un lado a otro. Peter empezó a llorar.

Trató de encontrar su camino atravesando el huerto, pero cada vez estaba más confundido. Pronto llegó al estanque donde el señor McGregor llenaba sus regaderas con agua. Una gata blanca miraba fijamente a unos peces de colores, estaba sentada, rígida como una estatua, aunque por momentos sacudía la punta de su cola como si estuviera viva. Peter pensó que era mejor irse sin hablarle; su primo, el conejito Benjamín, le había advertido sobre los gatos.

Regresó al cobertizo, pero de repente, muy cerca de él, escuchó el sonido de un azadón —ris, ras, ris, ras—, Peter saltó debajo de unos arbustos. Como no pasó nada, casi de inmediato salió y saltó sobre una carretilla para echar un vistazo. Lo primero que vio fue al señor McGregor quitando la maleza de las cebollas. Estaba de espaldas a Peter ¡y tras él estaba la salida!

Peter se bajó de la carretilla sin hacer ruido y empezó a correr tan rápido como pudo, por un sendero recto cubierto por unas matas de grosella.

El señor McGregor lo alcanzó a ver en la esquina, pero a Peter no le importó. Se deslizó por debajo de la reja, y por fin estuvo a salvo en el bosque que rodeaba al jardín.

El señor McGregor colgó el saquito y los zapatos de Peter sobre un espantapájaros para espantar a los mirlos.

Peter no se detuvo ni dejó de ver detrás de él hasta que llegó a casa, al gran abeto.

Estaba tan cansado que se desplomó sobre la arena confortable y suave del piso de la madriguera y cerró los ojos. Su madre estaba ocupada cocinando; se preguntaba qué había hecho con su ropa. ¡Era el segundo abrigo y el segundo par de zapatos que Peter perdía en dos semanas!

Lamento decir que Peter no se sintió muy bien esa noche.

Su madre lo mandó a la cama, hizo un poco de té de manzanilla ¡y obligó a Peter a tomarla!

—Una cucharada sopera antes de acostarte.

Mientras Flopsi, Mopsi y Colita de algodón cenaron pan, leche y zarzamoras.

Ilustración de Lis Mevill para “La hoguera de bronce” (Secretaría de Cultura, 2017).

 .

C.S Lewis inventó Narnia inspirado en Beatrix Potter y más… Entrevista a Mónica Romero 

Cuando tuvo que decidir cuál sería su tema de tesis para graduarse de la licenciatura en Lengua y Literatura Modernas Inglesas de la UNAM, Mónica Romero pensó enfocarse en el mundo de la Literatura Infantil y Juvenil. Así, llegó a un siglo y una geografía claves en la historia de la LIJ: la Inglaterra victoriana. Y entonces descubrió a Beatrix Potter. Aunque su tesina fue del libro parteaguas The Water Babies, de Charles Kingsley, se volvió fanática de Potter, compró todos sus cuentos ilustrados por internet, leyó distintas biografías y hasta viajó a Inglaterra donde no perdió la oportunidad de averiguar más sobre su vida de leyenda.

1. ¿En qué contexto nace Beatrix Potter como escritora?

El siglo XIX en Inglaterra fue crucial para la literatura infantil. El Romanticismo y la Época Victoriana fueron dos épocas que en el aspecto social y literario son de gran importancia para los libros que empezarán a publicarse para niños. En el Romanticismo se comienza a consolidar la idea de niñez como una etapa del ser humano. Esto es relevante porque no debemos olvidar que prácticamente hasta el siglo XVIII los niños eran tratados como pequeños adultos, no se consideraba que la etapa por la que estaban pasando tuviera sus propias necesidades. En la Época Victoriana la niñez ya era una etapa del ser humano reconocida y respetada por más personas, y es cuando tanto hombres como mujeres comienzan a escribir más literatura para niños.

Aunque las mujeres escritoras seguían siendo menos reconocidas que los hombres, hay muchísima literatura infantil del siglo XIX escrita por mujeres. Entre ellas está Beatrix Potter, que desde niña le atrajo la naturaleza y transformaba lo que veía en dibujos y cuentos que le contaba a su hermano pequeño. Nació en una familia acomodada y viajaba cada verano al campo en donde se pasaba el día estudiando lo que la rodeaba, los árboles, los animales, la naturaleza… Fue tal su pasión por el dibujo que aprendió a usar la cámara de su padre y se convirtió en una gran fotógrafa que capturaba aquello que quería aprender a dibujar, le importaba ser lo más fiel posible a la realidad.

 

 

2. ¿Cómo impulsa Beatrix Potter la Historia de la LIJ? ¿En qué radica su importancia?

Beatrix Potter fue educada en casa, en todo aspecto, por institutrices. Leyó a Charles Kingsley, Esopo, los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, Lewis Carrol, John Bunyan y Shakespeare. Fueron estas lecturas, junto con su pasión por el dibujo de la naturaleza, las que más influyeron su manera de contar cuentos. Esta combinación contribuye a su importancia en la historia de la literatura infantil: es tanto escritora como ilustradora de sus cuentos. Además, sus historias conectan con la inocencia e imaginación del niño y simpatiza con el protagonista rebelde, la moraleja queda de lado. De hecho en sus propias historias dejaba ver una crítica sutil a la sociedad. No olvidemos que la misma Beatrix sufrió por un tiempo la presión de las reglas sociales: al ser una mujer de una familia acomodada estaba mal visto que trabajara, que ganara su propio dinero y que no estuviera casada, esto hizo más difícil que se publicaran sus libros. En sus historias hay actos de rebeldía sin los que la aventura no hubiera sido posible, es decir, la rebeldía no siempre es castigada ni vista de una mala manera. Esto comparado a los libros instructivos de su época fue arriesgado.

Además, las ilustraciones que complementan sus historias se encuentran en esa delgada línea entre lo que hoy se clasifica como un libro ilustrado y un libro álbum, pues en ellas se encuentran detalles no dichos en el texto y que al final para conocer profundamente toda la historia se tienen que observar.

La edición que la propia Beatrix Potter publicó antes que algún editor aceptara hacerlo hoy se vende en 75 mil libras esterlinas.

3. ¿Qué más nos puedes contar de su entrada al mundo editorial? 

El cuento del conejo Pedro es el primero que decide publicar. Fue difícil hacerlo, las escritoras recibían menos apoyo y la literatura infantil todavía despertaba dudas en los editores. Una de las editoriales que se estaba consolidando como un referente de publicaciones para niños era Frederick Warne & Company, que publicó autores como Kate Greenaway y Charles Kingsley. Beatrix Potter se acercó a ellos después de haber sido rechazada por varias editoriales y finalmente aceptaron publicarla. Sólo le  pidieron que las ilustraciones fueran impresas a color, pues por los costos, Beatrix las había propuesto a blanco y negro. Los hermanos Warne le dieron la responsabilidad de la edición al más pequeño, Norman Warne, quien se enamoró y comprometió con Beatrix. Los dos tuvieron mucha fe en el proyecto de Pedro, trabajaron con extremo cuidado las ilustraciones, sobre todo porque para Beatrix era fundamental que el color y los detalles salieran como en los originales, ya que cada uno de ellos era pensado de manera profunda y contribuía a que la historia funcionara.

Norman Warne murió un poco después de que se comprometiera con Beatrix Potter. El hermano mayor, Harold Warne, siguió con el proyecto hasta verlo consolidado. Las ventas fueron más altas de lo que los editores y la misma Beatrix se habían imaginado. Es así como comenzó el éxito de una mujer escritora de finales del siglo XIX y principios del XX quien se convertiría en referente de la literatura infantil. Publicó más de veinte cuentos para niños y con sus ganancias compró tierras de conservación en el campo, pues en su época también la tierra desaparecía para hacer fábricas o extender las ciudades. Al final de su vida combinó el dibujo con los trabajos de conservación de tierras y promoción de métodos tradicionales de agricultura.

 

 

4. ¿Y en la historia de la infancia? Hace tiempo leí una pregunta de la editora Raquel Martínez que señalaba cómo los libros ilustrados son también reflejos de épocas. Tomo prestada su pregunta: ¿qué idea de infancia deja traslucir la representación visual de los personajes de Beatrix Potter?

Creo que reflejan la idea de infancia de su época: un ser inocente e imaginativo, el cual está aprendiendo de la vida, que todo lo que observa le sorprende y, por lo tanto, quiere descubrir lo que hay detrás de lo que ve, se deja llevar por sus instintos. Que la representación visual de este carácter hayan sido personajes animales  –conejos, ardillas, patos, ratones, gatos, etcétera– refuerza esta idea, pues en todos ellos hay cierta inocencia y viveza para poder sobrevivir al mundo. Además, no debemos olvidar que también en la Época Victoriana, la naturaleza podía tomar su propia voluntad, no sólo rodear al hombre. 

5. Potter fue contemporánea de muchos otros escritores, como el propio, Conan Doyle, quien era fanático de sus cuentos, ¿sabes si ella influyó a otros escritores?

Hace poco estaba leyendo una especie de biografía de C.S. Lewis en donde cuenta que entre los libros que leyó entre los seis y ocho años de edad estuvieron los de Beatrix Potter. A él ya le gustaban los animales y las plantas desde antes, de hecho se inventó un mundo llamado “Animalandia”, pero sus dibujos demostraban un desconocimiento de la naturaleza, como él mismo menciona “[no había ni] una sola línea dibujada en obediencia a una idea de belleza”. Es por ello que para él fue un evento muy importante encontrarse con los libros de Beatrix Potter. La manera en que ella dibujaba a sus personajes tan fieles a la vida real, la flora que rodeaba cada una de las escenas, es algo que lo hizo reflexionar sobre el conocimiento y respeto a la naturaleza. Lo que dejó este acontecimiento en su vida fue imaginarse el mundo de Narnia con ese respeto y conocimiento de la naturaleza. Los animales, aunque antropomorfizados, tenían que ser lo más fieles posibles a la anatomía del animal.

Además, Beatrix Potter aportó esa mirada del estudio de la naturaleza en los libros para niños. Era muy exigente al momento de dibujarla, de hecho llegó a criticar las ilustraciones de El viento en los sauces de Keneth Grahame, pues decía que los animales no estaban bien construidos anatómicamente, y que los de ella, aunque vivían experiencias humanas, se seguían moviendo en la mayoría de los pasajes como animales y su anatomía era casi perfecta. De hecho, sus dibujos ahora son estudiados por especialistas de ilustración científica.

 

 

6. ¿Qué opinas de la adaptación que saldrá próximamente en cines de los cuentos de Beatrix Potter? A mí me parece que cine y literatura tienen cada una su espacio y que hay buenos y malos cuentos y buenas y malas películas, pero igual ¿qué piensas de la aparición de esta película?

Cuando supe que La historia de Pedro el Conejo de Beatrix Potter saldría en cines, me emocioné, pero minutos después me quedé pensando en cómo habrían hecho para que una historia tan corta y entrañable durara por lo menos noventa minutos. Hoy en día lo que está haciendo la industria cinematográfica para niños es retomar a personajes clásicos en contextos contemporáneos e inventarles historias divertidas llenas de acción. Veo ventajas y desventajas en hacer esto. La ventaja sería dar a conocer a los personajes clásicos de la literatura infantil, y la desventaja es que sólo los dan a conocer por su nombre, pero las historias no son las mismas. Ahora, como bien dices, la literatura y el cine tienen cada una su espacio y objetivo, en este caso creo que la película de Pedro el Conejo busca sólo entretener, no creo que quieran dejar huella en la industria cinematográfica, ni sea su propósito que los niños vayan y compren los libros de Beatrix Potter. Pienso que simplemente se han quedado sin personajes originales para las películas y se están acercando a los personajes clásicos con ciertas características que pueden explotar.

Sólo he visto el avance de la película, pero en este caso parece que se enfocaron excesivamente en la rebeldía de Pedro el Conejo. En el cuento, era una rebeldía surgida de un desconocimiento del mundo que quería descubrir, aun cuando sabía las consecuencias. Desde que leí la primera vez este cuento me imaginaba que Peter, mientras estaba en su cama con el dolor de panza, seguía recordando las emociones que vivió al meterse a la granja del señor McGregor y que ya estaría preparándose para la próxima aventura. Seguiría siendo un conejo rebelde, claro, un conejo rebelde de finales del siglo XIX y principios del XX. El conejo rebelde que veremos en la película será uno del siglo XXI. Yo creo que si te da curiosidad ver la película, hay que verla. Cada quien tendrá su opinión de acuerdo a sus intereses.

 

Más:

La página oficial aquí,  acá el listado de libros antiguos disponibles a la venta, para curiosear y por si a alguien le sobran 75 mil libras, y la biografía Beatrix Potter: Artist, Storyteller and Countrywoman, con fotos del archivo personal de Beatrix Potter escrita por Judy Taylor. 

Otra vez había una vez

Con esta entrada retomo una serie sobre adaptaciones y literatura derivada, tema que me interesa mucho, titulada “Otra vez había una vez”. Originalmente surgió por un curso en línea que di para el Laboratorio Emilia de Formación y que el próximo mes volveré a dar en una versión más extendida. Lo hemos titulado “Un mapa de Nunca Jamás. Lecturas y relecturas de clásicos infantiles y juveniles para la construcción de un canon transmedia”. Se trata, precisamente, de que volvamos a los clásicos y construyamos un itinerario de lecturas para una comunidad en particular atravesado por adaptaciones en distintos soportes. Aquí más información. ¡Los esperamos!

 

 

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4 Comentarios »

  1. Adolfo, he leído en clase el cuento que aquí compartes, les he contado la historia de la autora, han visto el video con sus dibujos originales, y algunos chicos reconocieron al personaje pues han visto la película, y la mayoría ha preferido al conejo de la serie original, pero sobre todo, saben ahora que la película que está en cartelera es una adaptación, y pueden hacer comparaciones y decidir cuál es mejor para ellos.
    Les han encantado las ilustraciones que les mostré del cuento que tengo de Beatrix Potter.
    Muchas gracias por esta entrada, como siempre genial y acertada.
    Un abrazo.

    • Querida Liliana: ¡Gracias por hacer el ejercicio! Qué bueno que te haya servido la entrada para hablar sobre adaptaciones con tu clase. Sin duda ellos viven inmersos en un mundo de relecturas y reescrituras de clásicos y está bueno que vayan reflexionando alrededor de la cadena de versiones, nunca de la misma calidad. Qué bueno que disfrutaron juntos el maravilloso cuento. Algunos lectores me han contado que sus hijos se divirtieron mucho con la película. Aunque me parece que este será uno de esos casos de adaptaciones no tan memorable que no desplazan del centro al texto original. El tiempo lo dirá. Abrazo grande.

    • ¡Ellen! Muchas gracias por compartirlo. Ya me vi todo el primero cuento, cuánto más lo disfruté. Me pareció genial cómo lo extienden, algunos detalles, más diálogos, intentando seguir la misma línea del cuento, pero la angustia que pasa Peter más intensa, jaja. Los textos de Sendak sobre Potter no los conozco, los voy a buscar. ¡Gracias! ¡Abrazo grande!

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