“Todo en el aire es pájaro”, Jorge Guillén. Para celebrar el Día Mundial de la Poesía y la llegada de la primavera, un libro que me dejó volando, y al que regreso mucho, y una maravillosa bandada en compañía. 

Antes de abandonar la rama o el cable de luz, el pájaro mira al poeta.

Felipe Munita observa desde su ventana. Antes de empezar a escribir, anda un tiempo por el aire, dando vueltas.

Después se posa. Y escribe un haikú:

Pájaro cantor / demoras en la rama / menos que un silbo.

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Diez pájaros en mi ventana (Ediciones Ekaré, 2016), ganador en 2017 de Premio Fundación Cuatrogatos, Los Mejores del Banco del Libro y Premio a la Edición de la Cámara Chilena del Libro, es un libro lleno de instantes como éste. Rico en revoloteos y pausas, hecho de muchos cantos, que invita, desde la primera página, a escuchar y a mirar… juntando voces de pájaro escribí / en sueños, la canción que adorna esta partitura.

Dividido en tres secciones, como tres movimientos, Munita propone un repertorio variado que suena con rimas, caligramas, haikús, verso libre y otras formas tradicionales de la poesía lírica infantil. Sus motivos principales son la música y la naturaleza, es decir, bebe de lo clásico, no sólo en forma, también en contenido; pero su tono relajado, con toques de humor, y sus juegos con la poesía visual, con la que forma guitarras perfectas, pipas, pistas de carreras, llaves de sol y enredaderas, lo actualiza y lo hace llegar a un amplio rango de lectores.

Las ilustraciones de Raquel Echenique contribuyen a todo ello. Aunque la artista mezcla técnicas, en armonía con el texto, predomina la suavidad de la acuarela, el fondo blanco de la página, bien abierto, espacioso como un cielo, para que las palabras vuelen a sus anchas.

En este poema / no cabe una gota / pero entra el mar / con todas sus olas.

Con Echenique, además, se vuelve visible el puente transparente entre el cielo y el agua… la lluvia llega al río, los pájaros se sumergen y se convierten en peces, las hojas son algas. 

Los árboles del parque / dicen rayos de sol / entre sus ramas, / dicen pájaros traviesos / gritan luz, susurran agua.

Extiende los poemas con sutileza y elegancia, aportando pequeñas historias, pianos efervescentes, violines balsa, pollitos despeinados, largas anguilas rosáceas, aleteos como remolinos de hojarasca y personajes que casi siempre miran de perfil y hacia arriba, tras las huellas frescas de las golondrinas.

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Diez pájaros en mi ventana resuena no sólo con aquellos grandes compositores inspirados en aves, como Schubert que compuso un lied para voz y piano dedicado a la corneja, Tchaikovsky y su pieza para piano titulada “La canción de la alondra”, y Vivaldi que quiso homenajear con un concierto para flauta y orquesta al cardenal; se posan aquí, igualmente, una numerosa bandada de poetas: Carlos Barella, y su canario, y Carlos Murciano, que le escribió al mirlo, al águila, a la golondrina y a un ave azul; Pablo Neruda, que agradeció a los violines e hizo sonar la palabra campana; Federico García Lorca, que escuchó llorar a la guitarra; Jaime Ferrán, que tocó la trompeta y el contrabajo en su Cuaderno de música o Miquel Desclot que dijo ¡Música, maestro! Sin olvidar a Gabriela Mistral y su himno al árbol, Javier Villafañe y su “Fábula de los pájaros”, y hasta Dora Fornaciari, que dirigió una orquesta de animales en el bosque.

Munita expande este universo de trinos y notas cuando compone una oda al punto, inventa un romance entre aviones y convierte en mecedora a una araucaria. Su voz, este libro de exquisita factura, que combina lo maravilloso con lo cotidiano, convoca, como si fuera un nido hecho de cuerdas. Hará quedarse y regresar, especialmente, a los lectores que recién emprenden su vuelo y a los que con ellos anden dando vueltas.

 

Bandada de libros

Escribió Rabindranath Tagore: “El pájaro quisiera ser nube; la nube, pájaro”. Y nosotros nube y pájaro, lluvia y pluma cuando leemos. Aquí un recorrido con vuelo de poemas, cuentos de hadas, novelas realistas o fantásticas y álbumes ilustrados.

1. La pluma

Cao Wenxuan y Roger Mello. Eudeba, 2016.

Si te encuentras este libro, te sentirás como aquel rey de los negocios, Juan Felizario Contento (FCE, 2003) de Angela Lago, que perdida la fortuna de su moneda de oro se quedó solamente con una pluma “tan leve” que “fue feliz por todo un inmenso segundo”.

Cuando escapó de las manos de Juan Felizario, la pluma fue a parar hasta Beijing, donde, un día ventoso, el escritor Cao Wenxuan la miró caer, elevarse y girar, valiente y alta. Luego imaginó que llegaría a las manos de otros niños y ellos se preguntarían: ¿de qué ave será esta pluma? Y así arranca su historia, con ese motivo clásico de un personaje que pregunta a otros: ¿quién es? ¿de dónde viene? ¿hacia dónde va? Estructura muy explorada en libros para niños pequeños que aquí toma un aire (nunca mejor dicho) más filosófico, con capas de significado complejas y una prosa sencilla y poética bien en sintonía con el optimismo epistemológico de los textos de filosofía china ancestral. “¿Soy tuya?”, pregunta la pluma a la calandria, al martín pescador, al cucú, a la garza, al pavo real, al águila. “¿Soy tuya?”. Y cuando parece que aquella pluma no pertenece a nadie, no es de ningún sitio, el lector sonríe con la correspondencia final.

El inventario de pájaros de Roger Mello, cercano a su inventario de unicornios en Griso, el único (Global Editora, 2015), alterna especies que viven en Brasil y China, una manera de combinar los cielos bajo los que viven Cao Wenxuan y él, pues esta es una colaboración excepcional entre dos ganadores del Premio Hans Christian Andersen. El fino trazo de Mello, claramente inspirado en la cerámica china, tiene un carácter de fábula. Sus fondos monocromos estilizan los contornos de las aves que, en efecto, parecen obra de un anciano pintor chino. Me hicieron recordar a Wang-Fô, aquel personaje del precioso cuento de Marguerite Yourcenar que lograba salvar su vida embarcándose en un mar que él mismo había pintado. Pero el uso vibrante del color y el diseño del libro delatan que es una creación contemporánea de un ilustrador inconfundible, como lo llamaría Sophie Van der Linden en Álbum[es] (Ekaré, Variopinta y Banco del Libro, 2015), un “álbum gráfico”: casi un libro de artista que se diferencia de éste sólo porque tiene una mayor circulación. Tampoco tanta. Si se lo encuentran sugiero que cambien su “moneda de oro” por él. 

 

2. La pajarera de oro

Anna Castagnoli y Carll Cneut. Barbara Fiore, 2016.

Otro libro para el cofre. Cuento de hadas que retoma motivos clásicos del género y, en particular, el arquetipo de la princesa mandona (usualmente una hermana que hace brillar más las cualidades de la protagonista).

La solitaria Valentina tiene todo pero quiere más: más pájaros para llenar sus ciento una pajareras. “¡Quiero el pájaro de las alas de cristal!”, “¡Quiero el pájaro con el pico de coral!”, “¡Quiero el pájaro que escupe agua!” y todos en el reino corren a buscarle alguno parecido. Si no le traen uno que le convenza les manda a cortar la cabeza. Su colección es como la de la bruja de “Yorinda y Yoringuel” (de los Hermanos Grimm), que convertía en aves a doncellas para llenar un salón especial repleto de jaulas. El personaje, entre sus dos primas: La bella Griselda de Isol (FCE, 2010), también aficionada a cortar cabezas; y la insoportable Greta, la loca (Barbara Fiore, 2006), con quien además comparte al retratista. La aportación y el goce del libro radican en su maestría visual -tanto en ilustración como en materialidad y diseño- que acompaña a la prosa poética, ambos lenguajes desplegados de tal forma que dan ganas de sacarlos de la pajarera para que los lean todos.

 

3. La puerta de los pájaros

Gustavo Martín Garzo. Ilustraciones de Pablo Auladell. Impedimenta, 2014.

He subrayado muchos párrafos en este libro que da la sensación de haber sido escrito siempre al atardecer. Este es uno de mis favoritos: El mundo estaba lleno de las historias más desatinadas, continuó Merlín. Historias de pastores que se transformaban en fuentes y flores, de poetas que descendían al reino de la muerte, de niños locos que querían volar, de mujeres que se volvían serpientes para seguir abrazando el cuerpo que amaban. Cada cosa, cada criatura guardaba una historia que había que saber escuchar (…). Nada era una sola cosa, ninguna vida cabía en una sola historia.

A ese encadenamiento de historias se suma este autor con apellidos de pájaro. Martín Garzo retoma aquí algunos elementos reales (como la propia “Puerta de los pájaros” que está en Cantabria y fue diseñada por Gaudí, inspirado en el vuelo de las gaviotas) y reproduce una estética medieval para generar la ilusión de orígenes más remotos. Como en el Manual de Zoología Fantástica (FCE, 1957) de Borges, pero con forma de novela como Loba (SM, 2013) de Verónica Murguía, Gustavo Martín Garzo retoma algunos aspectos comunes de la fenomenología del unicornio para contar la historia, también clásica, de la doncella que se enamora de esta suerte de caballo mágico. La disfrutarán quienes valoren las narraciones míticas con mucha carga emotiva. Del mismo argumento existe un cuento memorable “La espina de marfil”, de Marina Colasanti, autora del siguiente libro:

 

4. Breve historia de un pequeño amor

Marina Colasanti. Ilustraciones de Elizabeth Builes. Alfaguara, 2015.

Siempre hay un amigo de uno que sabe cómo se alimenta una paloma o se baña un tucán. Mi amigo era escritor y sabía tanto de pájaros que lo llamaban “el zorzal de la crónica”. Lo llamé por teléfono.

—Rubem, auxilio, necesito ayuda para un problema con alas…

Esta es una historia de la vida real que da cuenta del encuentro que tuvieron Marina Colasanti y su marido con un polluelo de paloma al que deciden adoptar. Conmovedora metáfora sobre la paternidad, en forma de crónica, que se corresponde en su tono realista con las bellísimas ilustraciones de Elizabeth Builes. Como se anuncia desde el título, la historia es breve, se va volando, pero luego regresará muchas veces para acariciarnos, aunque sea sólo en el recuerdo, y hacernos sentir una vez más cobijados y libres.

 

5. Relatos de los confines. Oficio de búhos

Liliana Bodoc. Ilustraciones de Gonzalo Kelly. Suma, 2012.

Es verdad lo que se dice de Liliana Bodoc, que es la Tolkien o la Ursula K. Le Guin de Latinoamérica. Sí y no, Bodoc continúa la tradición de estos creadores, pero es una autora que concibió varios mundos de fantasía con la suficiente entidad como para saltarse las comparaciones. Este libro es un prueba de ello. Se trata de una extensión de su Saga de Los Confines, su trabajo más valorado, en el que narra historias secundarias que extienden lo que sabemos de sus personajes, lugares y hechos. ¿Cómo se originaron el Odio Eterno y el sagrado juego del yocoy? ¿Cómo continuó la resistencia de las Tierras Antiguas? ¿Por cuál de los dos ríos de su sangre se inclinó Yocoya-Tzin? 

Bodoc responde con la primera línea del libro: “Vuelvo a empezar”, otra forma de decir: recuerdo y cuento, aquí estoy, soy parte de una oralidad llena de voces secundarias. “Sólo puedo imaginar a partir del conocimiento que los mayores me impartieron”, continúa. Y aún si les fuera ajeno “el conocimiento de los mayores” al que hace referencia la autora, estos relatos hechizan y tienen suficiente fuerza para volverse clásicos de nuestra lengua.

 

6. Un hogar para pájaro / 7. Pájaro azul / 8. El pájaro bigote

También autor de Un día diferente para el Señor Amos (ganador de la Medalla Caldecott), Philip C. Stead escribe e ilustra Un hogar para pájaro (Océano, 2015), álbum que derrocha bondad y que pondrá de buenas a muchos lectores. En él, la rana Vernon se empeñará en encontrar una casa que devuelva el habla a su amigo pájaro. Y celebraremos que lo logre. En cambio, Pájaro Azul de Bob Staake (Océano, 2015), usa la narrativa del cómic y la “escuela” de formas geométricas para contar una historia triste sobre un niño y un pájaro a los que molesta un grupo de chicos. Esto pareciera un crossover ficcional con los niños del libro Matador (Babel, 2015), aunque el final es más esperanzador y reconforta el ritual de despedida de uno de los personajes igual que en Querido Pájaro (Ediciones El Naranjo, 2016) de María Baranda. Finalmente, en El pájaro bigote (Adriana Hidalgo Editora, 2014) de Nicolás Schuff y Claudia Degliuomini, un bigote de alas abiertas se echa a volar como si fuera un ave y tras la pista de una compañera. El humor y el amor se funden en una narrativa poética de evanescentes ilustraciones.

 

9. El pájaro niño

Carlota Carvallo de Nuñez. Editorial Nuevos Rumbos, 1958.

El año pasado realicé una estancia de investigación en la biblioteca del CEPLI de la Universidad de Castilla La Mancha. Entre los 17 mil libros de literatura infantil y juvenil que conforman su acervo, hubo un libro antiguo y modesto, casi a punto de deshojarse, cuya lectura resultó toda una revelación: El pájaro niño de la escritora peruana Carlota Carvallo. Cuando lo vi, reconocí que se trataba de uno de los hitos de la LIJ latinoamericana, lo había oído mencionar por el especialista Manuel Peña Muñoz, y luego leído sobre su autora en el fundamental Historia de la literatura infantil en América Latina (SM, 2009). Publicado en 1958 por Editorial Nuevos Rumbos, reúne varios cuentos que mezclan el paisaje local con el cuento de hadas europeo, como hiciera Pascuala Corona en México. En el cuento que da título al libro, un pescador adopta a un pájaro-niño herido que resulta mágico y capaz de concederle todos sus deseos como un genio de lámpara. Pero cuando el clásico compadre envidioso quiera para él toda la fortuna que trae el pájaro, este revelará un costado más terrorífico. Este libro me condujo a otra joya de esta misma autora Rutsí, el pequeño alucinado (1947), hermano de Mowgli, que a su vez me llevó con más pájaros, Escuela de pájaros (1955), de la salvadoreña Claudia Lars, también precursora de la LIJ en nuestra región, con ese y otros libros de poemas. Sería fantástico que alguna editorial rescatara dignamente estos textos olvidados.

 

10. Alas como cuchillos

Catalina Kühne. Ilustraciones de Pablo Serrano. CIDCLI, 2015.

Cuando terminé de leer este cuento ilustrado, incluido en el catálogo The White Ravens 2016, pensé en aquella frase de Jean Braudillard que dice que “la fotografía es nuestro exorcismo”. La literatura también lo es, este libro se siente así, como la encarnación de una pérdida y su expulsión del cuerpo. Hay algo muy físico en la lectura, a la que mucho aportan las ilustraciones hiperrealistas, provoca cierta incomodidad en la piel, responde al movimiento constante del protagonista. 

“No es fácil vivir con un pájaro dentro del pecho”, nos confiesa Alonso. La autora explora a fondo las posibilidades de esa metáfora: nos causa extrañación. ¿Está enfermo Alonso o realmente vive con un pájaro en el pecho? Queremos descifrar el enigma. El cuento podría resumirse en esa sola imagen, potente y cargada de poesía: el pájaro acomodándose dentro del pecho. La especie de yugo, ansiedad, condena, que ejerce sobre Alonso es compartido con sus coetáneos, pareciera otro rasgo de juventud. Algo cercano a lo que experimenta el protagonista de Cómo Justin Case engañó al destino (Siruela, 2011). de Meg Rosoff.

Alonso se cuestiona muchas cosas y algunas tienen que ver con la muerte. La siguiente pregunta me hizo regresar a esas preocupaciones que uno se hace a esa edad (un acierto en la construcción del personaje) y me quedó resonando mucho: “Se sorprende a cada rato pensando en la muerte. Sabe que es inevitable pasar por eso y le preocupa. ¿Cómo van a morir todos sus seres queridos? ¿Cuándo?”. Hace unas semanas dediqué una entrada a otros libros que exploran esa y otras preguntas vinculadas con la muerte. Alas como cuchillos corta el aire, la respiración del lector, rasga a la muerte. 

 

11. La chica pájaro

Paula Bombara. Norma, 2015.

Este libro es una persecución. Y una vez que empiezas a correr no puedes parar. Subes a un árbol a esconderte, bajas y sigues corriendo, pero vuelves luego al árbol, en esa plaza. Ese es tu refugio, haces un nido allá arriba. Te quedas un tiempo, conoces a la gente de la plaza, cuelgas tu tela color turquesa, te enredas y te dejas caer, sin tocar el piso. Hasta que vuelve tu perseguidor y corres otra vez. Es tan difícil… escapar.

Mara practica danza área en la rama de un árbol, en una plaza. Sabemos que se esconde, que huye de algo, de alguien, que vive como en una pesadilla, que tiene una hermana mayor, Pato, a la que añora. Leonor es jubilada, pasea por la plaza, tiene una amiga con la que le gustaría irse a vivir. Darío trabaja en una construcción, se enamora rápido de Mara, la mira bailar en su tela. Un día, se anima, le lleva un helado. Ella acepta. Pero Maxi vuelve a encontrarla. Los ojos de él son dos pedazos de madera seca. Estallarán ante otra chispa. 

Una de las novelas más palpitantes que he leído. Brevísimos capítulos en los que las voces de los tres personajes principales se entrelazan en una combinación de prosa y poesía, con conversaciones que uno parece estar escuchando y monólogos internos que el lector dudará si salen de su propia cabeza. El trabajo de la escritora en la construcción de cada voz debió ser minucioso y calculado, y, sin embargo, fluye tan natural que uno creería que es la transcripción de la grabación de un testimonio. Luego caemos en la cuenta que sería imposible grabar esa intimidad como imposible es grabar un pensamiento. Merecido ganador del Premio Fundación Cuatrogatos y parte del prestigioso catálogo The White Ravens en 2016.

 

12. Pluma de ganso

Nilma Lacerda. Babel Libros, 2016.

Un libro en un formato que le corresponde: de bolsillo, para satisfacer nuestras ganas de llevarlo a todos sitios, con un diseño y factura de colección.

En el cine interior de Aurora, las letras ganaban alas, levantaban vuelo, se perdían en la tarde sin horizonte... Aurora, como la inolvidable Raquel de El bolso amarillo (SM, 2008), vive en un medio de escasos recursos en el que apenas tiene voz y sus deseos son ignorados. Debe ocuparse de la casa y cuidar a las gallinas, con su mamá, mientras sus hermanos van a la escuela.

Pero cuando experimente el asombro de escuchar un cuento de hadas clásico, “Piel de Asno”, todo cambiará dentro de ella: querrá aprender a leer y a escribir… a como dé lugar, en secreto, aunque sea utilizando una pluma de ganso.

Su deseo, entretejido con la cotidianidad de la vida de su familia, irá ganando espacio, aunque avance lento y a contracorriente. Y pronto será conocida como la niña “Pluma de Ganso”. Una de esas prosas que enamoran, que provocan el deseo de más y que uno agradece infinitamente haber encontrado. 

 

13. Zorro

Margaret Wild y Ron Brooks. Ekaré, 2005.

Casi 20 años después de su publicación original, este libro se ha convertido en uno de esos álbumes clásicos que expanden lo que muchos esperan de un libro para niños. En él, una urraca, a la que le falta un ala, y un perro, que no tiene un ojo, viven juntos, y corren, Urraca sobre su lomo, Perro lo más rápido que puede: “¡Vuela, Perro, Vuela! Yo seré tu ojo perdido, tú serás mis alas.” Hasta que un día llega un zorro que susurra a Urraca: “Puedo correr más rápido que Perro. Más rápido que el viento. Deja a Perro y ven conmigo”. El desarrollo y el final de la historia, que nunca descuida el lenguaje poético, impactan por sus múltiples lecturas. Lo he leído con niños y niñas y para algunos es una historia de amistad y lealtad; para otros, de traición y redención; para muchos se trata sobre la felicidad y los sueños y disfrutan volar corriendo; pero todos tienen siempre algo que decir sobre sus propios deseos. Un favorito infalible.

 

14. Pájaros / 15. El coloquio de los pájaros / 16. Huellas de pájaros

En Pájaros de María José Ferrada y Fito Hollaway (Amanuta, 2016), una niña, en el mismo tono de los protagonistas de otro libro de esta poeta, Niños (Grafito Ediciones, 2013), hace muchas preguntas de la noche al día y sobre el misterioso camino de los pájaros. Peter Sís y Ramón Iván Suárez Caamal siguen sus huellas. El primero en El coloquio de los pájaros de Peter Sis (Sexto Piso, 2011), casi un clásico, una poema gráfico, por tomar prestado el género de novela gráfica, llena de laberintos y significados antiguos. El otro es Huellas de pájaros de Ramón Iván Suárez Camaal y Mauricio Gómez Morín, que ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía 2016 y nos divierte y maravilla jugando con poesías concretas y paisajes selváticos.

 

 

 ¿Qué otros libros de pájaros les gustan?

Y otra pluma de pilón:

Poemas en retoño

Angela Aldama. Fotografías de Fernando Aldama. Amalgama Editorial, 2016.

Libro arriesgado, editado de forma independiente, con fotografías juguetonas e inquietantes que ilustran una serie de poemas muy sensibles de la mirada infantil. En ellos, Aldama habla en primera persona para expresar las imaginaciones espontáneas y creativas de muchos niños y niñas posibles. En un poema un niño imagina que es la luna y pide a los astronautas que siembren geranios en sus cráteres; en otro, desmiente algunas ideas que se tienen sobre la infancia: que si los niños no se enamoran, que si los niños siempre duermen bien… luego hace una oda su nariz y un elogio a su abuela, dice que “las llaves son caballos que trotan por la cerradura” y adopta a una muñeca olvidada. Cuando se empeña en ser pájaro y volar, veremos en el siguiente poema, concluye que es mejor seguir siendo niño.

NECEDAD

Si yo ya lo sé:
nunca seré pájaro,
aunque me deje crecer
largas las alas
y me lo diga firmemente
en la luna del espejo,
y mi mamá me regale
semillas para el recreo,
y mi papá me repita
que practique el aleteo.

Entonces no sé por qué
en las mañanas soleadas
mientras tomo el desayuno,
viene siempre un pajarillo
y se pone a hablar conmigo;
llega con los cuentos
de los árboles del parque:
que si viajes, casamientos
y alguno que otro percance,
para él no es nada especial
subir a las catedrales
y lanzarse de picada
desde altos ventanales.

¡Qué envidia me dan a veces
sus pequeños ojos negros!
Sólo quisiera un momento
mirar lo que miran ellos.

Pero al hacer la pregunta:
¿Qué es lo que comes,
plumero?
Gusanos ¡Delicias turcas!
insectos bien sazonados
es ahí donde prefiero
seguir siendo yo mero mero.

 

Ilustración de portada de Raquel Echenique.

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7 Comentarios »

  1. Hola, tenía un buen rato que no entraba a la página, y siento haberme perdido de mucho, recibo tus correos y me han dado muchas ideas para compartir la lectura en mi grupo, me encanta la página, te vi en un congreso de Ibby, me gustó que era uno de los tantos fans que te siguen. Felicidades por todo lo que haces, me gusta todo lo que compartes. Me sorprendió Beatrix Potter, para mí siempre es mejor el libro que la película. Buen día.

    • Hola Judith, ¡muchas gracias por tus palabras! Qué gusto leerte y que estés de regreso. ¡Bienvenida! Veo que andamos en la misma, así que seguro coincidiremos pronto. El tema de “¿El libro o la película?” siempre es polémico. Muchos lectores piensan como tú. A mí me parece que son experiencias totalmente distintas y que hay buenas y malas adaptaciones. Pero claro que a veces uno prefiere una u otra. A mí me ha pasado: nunca cambiaría esa trilogía forzada de “El hobbit” de Peter Jackson por la novela de Tolkien, en cambio, sinceramente recuerdo haber disfrutado más la primera película de Harry Potter que el primer libro. Pero ahí también entran en juego el momento en el que uno lo ve o lee.. en fin. ¿O qué piensas? ¡Un abrazo!

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