¿Crecer -como lector- implica tomar partido?, ¿comprometerse socialmente con una causa justa? ¿Presionan los adultos a los niños con libros que los hagan tomar conciencia de los grandes problemas de nuestro tiempo? ¿Las mejores intenciones… de adoctrinamiento opresivo… o de participación activa en el mundo y llamada a la acción? ¿Libros para cuestionar o para acatar? ¿Todo libro comprometido es moralizante o sermoneador… y soporífero? 

Clémentine Beauvais, escritora y doctora en literatura infantil por la Universidad de Cambridge, analiza en esta ponencia las múltiples formas de categorizar esos libros celebrados y rechazados, los “socialmente responsables”. O más que la etiqueta, aquellos que, como decía, Sartre, invitan a leer como acto político, son “una exigencia y un regalo”. 

Ilustración de Armin Greder.

Hace unos días participé en el segundo Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Pereira, Colombia, LIJPE. Todas las ponencias que se presentaron tuvieron un enfoque social.

María Teresa Andruetto, con “Resistencia”: “Necesitamos estar a la altura de la resistencia de maestros y otros formadores (…) donde hay poder, hay resistencia y donde se resiste, hay promesa de emancipación, y eso es algo que estamos aprendiendo en estos tiempos tan difíciles”. Yolanda Reyes, con “La luz de la oscuridad: la literatura, un espacio en el que podemos reconocernos”: “La gente de ese pueblo intentaba retomar la vida que se le había roto en antes y después, por causa de una masacre paramilitar, en febrero de 2000…”. María Osorio, con Preguntas claves en torno a la edición de libros infantiles en Colombia”: “¿Qué hace que quiera llevar un libro a la imprenta? ¿Cómo escojo los libros que Babel edita? (…) ¿Por qué llevar a los niños libros complejos?”. Carlos Sánchez Lozano“¡Me mintieron!”: memoria, identidad y rebeldía en cuatro novelas colombianas para jóvenes”: “¿Puede la literatura proveer a los lectores jóvenes de dispositivos simbólicos de conocimiento, memoria y autodescubrimiento que faciliten el tránsito de la adolescencia a la adultez? (en un marco sociohistórico determinado: la Colombia contemporánea del conflicto armado)”. Pilar Lozano, con “La literatura infantil y juvenil para hablar de temas difíciles como la guerra”: “Yo decidí abordar el tema de los niños soldados en la novela juvenil Era como mi sombra. Como periodista me acerqué, hace ya más de quince años, a ellos. Algunos me permitieron entrar y hurgar en sus vidas, en sus angustias, en sus pesadillas: las de antes, durante y después de su paso por la guerra. Fue un proceso lento. Temía caer en el panfleto, en un escrito sin complejidad que se quedara en la simple anécdota. ¡La idea me dio vueltas durante años!”

Y yo tuve la oportunidad de compartir una ponencia titulada: “¿Dónde están? Olivia, el bosque y los desaparecidos”, un repaso histórico de Irulana y el Ogronte de Graciela Montes a Olivia, el bosque y las estrellas de Nuria Santiago para mirar cómo el terrorismo de Estado ha sido abordado en la LIJ. Un asunto del que he escrito mucho en mi blog. Todas las conferencias se pueden ver aquí. 

Por el tema alrededor del cual se articuló el programa de este Seminario, “El poder reparador de la literatura”, inspirado en el libro El arte de la lectura en tiempos de crisis de Michéle Petit, y el formato del encuentro -pocos ponentes, mayor profundidad y tiempo de reflexión- recordé otro curso en el que participé el año pasado.

El Curso Internacional de Filosofía, Literatura, Arte e Infancia, FLAI 2017, planteó la pregunta eje ¿Qué quiere y qué puede la literatura infantil y juvenil? (en juego con la mesa redonda en la que participaran Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Jorge Semprún, entre otros, en París, en 1965: Que peut la littérature? –¿cuál es el poder de la literatura?). Clémentine Beauvais propuso en su ponencia hablar de los claroscuros de esos libros que no quieren adormecer sino espabilar al lector. ¿Lo consiguen?

Con la edición del FLAI 2018 en puerta, Clémentine ha compartido generosamente esta ponencia, inédita hasta ahora, para renovar nuestro compromiso político con la LIJ y la lectura crítica.

 

¿A las barricadas? ¿Qué puede la literatura infantil políticamente comprometida?

Clémentine Beauvais*

 

Este es mi perfil de Facebook:

Hace unos meses, durante una visita a una escuela, una niña me dijo: “He visto tu perfil de Facebook y tengo una pregunta. ¿Quiénes son las personas de tu foto de portada? ¿Tus padres?”.

Ojalá, pero no. Son Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Sí son, en cierto modo, mis padres intelectuales. Su presencia totémica sobre mi perfil, tal vez, significa que Sartre y Beauvoir siguen inspirándome muchos años después de terminar mi tesis doctoral -de la cual fueron dos de los personajes principales, como voy a contar.

Esta soy yo con mi tesis, en Cambridge, y voy a empezar esta presentación con la historia de esta tesis. Por favor, manteneos despiertos. Prometo que es una historia llena de misterio, de frustraciones, de falsas pistas teóricas, de enemigos y de salvadores, y, por supuesto, de preguntas existenciales.

Y su punto de partida fue, como el de muchas historias, una princesa.

Érase una vez un álbum canadiense titulado La princesa vestida con una bolsa de papel (Munsch y Marschenko), que fue considerado una obra maestra de la literatura infantil feminista. Cuando se publicó, en 1980, este cuento de una princesa decidida, valiente y activa, de un príncipe miedoso, superficial y en absoluto encantado, fue enseguida celebrado por su inversión radical de los papeles tradicionales de género en la literatura juvenil.

Los setenta, los ochenta y los comienzos de los noventa fueron tiempos muy fértiles para inversiones radicales de los papeles tradicionales de género en la literatura juvenil. Es relativamente fácil encontrar ejemplos de LIJ de esta época, en todo el mundo occidental, que hablan de manera muy radical –para su tiempo– del poder de las niñas y de la necesidad de cambiar nuestras percepciones de las relaciones entre los sexos.

Pero yo no conocí a la princesa Elizabeth o al príncipe Ronald, ni ninguno de esos otros libros radicales para niños, cuando yo era pequeña. Mi régimen de lectura fue muy intenso, y leí muchos álbumes clásicos, pero mis padres nunca pusieron en mis manos ningún libro “comprometido” o “con mensaje”. Eran lectores literarios, exigentes, con buen gusto; los padres típicos, tal vez, de la burguesía parisina que Pierre Bourdieu describe, en su obra sociológica La Distinción, como consumidores de arte independiente, lo más lejano posible a la literatura que “transmite un mensaje”. 

Los buenos libros -lo aprendí temprano- no tienen mensajes.

Así que leí la historia de la princesa con una bolsa, y otras historias similares, por primera vez a la edad de veinte años, cuando empecé a trabajar, durante un verano, para la editorial juvenil francesa, muy nueva en ese momento, Talents Hauts.

Talents Hauts, fundada por Laurence Faron y Mélanie Decourt en 2005, es una editorial explícitamente políticamente comprometida, de orientación feminista. Su primer libro fue una réplica del álbum de Munsch y Marschenko, y todos los siguientes trataban problemas y preguntas relacionadas con el género.

Trabajando para ellas, me di cuenta poco a poco de la gran variedad de historias posibles con este “tema” –algunas sensibles y ligeras, algunas hiperactivas y radicales; algunas en las cuales hombres y mujeres eran enemigos en varios escenarios de lucha de los sexos, y otras en las cuales los dos sexos lograban juntos crear un mundo mejor.

Mis convicciones y creencias sobre la literatura en general y la LIJ en particular cambiaron sutilmente durante ese verano. Me incomodó, a menudo, el “mensaje” tan evidente de esos libros, y no podía defender con completa sinceridad la razón de ser de una editorial totalmente dedicada a un proyecto político. Pero, al mismo tiempo, no podría decir que los libros eran de baja calidad, o estúpidos, o de mal gusto. Eran libros llenos de vida, de energía, de innovaciones estéticas y literarias. Eran libros que les gustaba leer a niños y niñas reales. Eran, en su mayoría, libros infantiles perfectamente aceptables, y más que aceptables.

Cuanto más exploraba este tema, más me daba cuenta de que no había sido lo suficientemente explorado, o al menos no con justicia, en la literatura académica sobre la LIJ. Me pareció que ninguna publicación académica respetable hablaba de libros explícitamente políticos sin llamarlos didactic –digo la palabra en inglés porque tiene connotaciones más despectivas que la palabra “didáctica” en español; algunas personas, aparentemente, dicen didactista aquí.

Es decir, moralizadores, demasiado educativos, incluso opresivos para sus jóvenes lectores.

Ilustración de Quentin Blake.

Por el contrario, cuando investigaban temas que se prestaban muy bien a un estudio de este tipo de libros –por ejemplo, un análisis del género en la LIJ contemporánea– mis colegas inexplicablemente nunca mencionaban libros obviamente feministas, como si los únicos libros feministas honestos fueran los que no parecen saber que lo son.

Los investigadores, en resumen, despreciaban esos libros; o bien explícitamente por denunciarlos en sus estudios, o bien implícitamente por ignorarlos en sus estudios.

Decidí dedicar mi tesis doctoral a la cuestión. Empecé a buscar otros ejemplos contemporáneos de literatura que, en mi cabeza en esos tiempos, llamé “políticamente transformadores”. Decidí concentrarme en álbumes, porque, en primer lugar, no podía hacer todo, en segundo lugar porque era más fácil establecer que son “para niños”, y en tercer lugar, porque estaba particularmente interesada en las interacciones entre el texto y las imágenes.

Mi definición pragmática, recogiendo mi corpus, fue “cualquier álbum de LIJ que explícitamente presente como deseables unas transformaciones radicales de la situación sociopolítica de una comunidad”. Hay mucho de polémico o discutible en esta definición, especialmente el término “explícitamente”, y era una definición un poco… elástica.

Encontré varias editoriales que encajaron con mis ideas imprecisas de lo que estas “transformaciones” podían implicar. Generalmente fueron editoriales independientes muy pequeñas, frecuentemente fundadas por mujeres, con ideales diversos: el multiculturalismo, la ecología, el feminismo, las igualdades sociales y étnicas…

También encontré muchos libros contemporáneos publicados por otras editoriales más comerciales, o de orientación política más alineada con la hegemonía, que no obstante demostraron una conciencia muy aguda de problemas sociales causados por esa misma hegemonía.

Al final, logré recopilar más de doscientos álbumes; una muestra no representativa, más bien conveniente para mí, de libros escritos o traducidos en francés, inglés, y español.

Al leerlos, fui formulando preguntas de investigación, relativamente vagas al inicio: ¿hay una estética propia de la LIJ políticamente transformadora?, ¿cómo definirla?, ¿hay razones, justificaciones, para su desprecio por parte de la crítica? y más teóricamente, ¿en qué consiste la relación literaria entre un lector joven y una voz narrativa, construida por un adulto, que quiere cambiar el mundo ?’

Y entonces, armada con estas preguntas un poco débiles y poco fiables, empecé a investigar. Aquí están algunas crónicas de mis viajes en los numerosos mundos que crucé.

 

1) Territorios tristes, terribles y traumatizantes 

Uno de los primeros territorios era sombrío y frio y en absoluto hospitalario. La cubierta de un libro me había prometido una isla, pues, me pareció bien, me gustan las islas; la palabra evoca excursiones de piragüismo a través de los arrecifes, bebiendo piñas coladas. Pero la imagen no era la mejor que podían haber elegido como publicidad para la isla en cuestión. Y las guardas me indicaron que estaba de viaje no en un crucero, ni siquiera en una piragua: no, estaba en una balsa precaria, en la que temía seriamente por mi seguridad…

La isla, de Armin Greder, es la historia de un inmigrante desnudo, flaco y mudo, que llega a una isla poblada con habitantes vestidos, gordos y ruidosos. Es la historia de cómo lo miran con desconfianza y miedo al principio, y de cómo sus sentidos cambian con tiempo.

Poco a poco, hacen un verdadero esfuerzo por integrar al hombre en su comunidad. Le dan un trabajo y comida –¿que más podían hacer? Pero el hombre desagradecido no logra trabajar como ellos quisieran, es decir, como la tradición de la isla dicta. Además, come con sus dedos, y se lo come todo, incluso los huesos; claro no es porque tiene hambre, o porque nadie pensó en darle un cuchillo y un tenedor. Debe de estar en su naturaleza comer como una bestia.

Al final, desafortunadamente, la cohabitación entre el hombre y los habitantes de la isla ya no es posible; en su presencia, aun al otro lado de la isla, los aldeanos sufren un aumento de pesadillas durante la noche y de ansiedad durante el día. Imaginar los crímenes potenciales del inmigrante, al fin y al cabo, es casi igual que verlo cometerlos realmente. La única solución es decir adiós al extranjero, con mucho pesar de que su relación tuviese un final tan decepcionante.

Adopté un tono cínico a propósito. El cinismo es una estrategia narrativa relativamente común en obras de LIJ comprometida, también en La isla. Como teoricé en mi estudio, la dimensión cínica o desencantada, el humor negro, de numerosos libros comprometidos, nos dejan responder a la acusación de que son “políticamente correctos”.

Por “políticamente correcto”, la gente que acusa la LIJ comprometida de este crimen generalmente quiere decir que esos libros no son realmente radicales; que apoyan una visión utopista y moralista, y más importante incluso, totalitaria, de la tolerancia, la paz y la bondad entre ciudadanos. Por ejemplo, Robert Sutherland, un investigador de LIJ, dice que los libros comprometidos: “intentan imponer conformidad por un tipo de normas de comportamiento”.

En otras palabras, la LIJ comprometida esta aquí acusada de promocionar ciertos valores sociales que parecen bondadosos ( “vivir juntos”, “aceptar las diferencias”, “disfrutar de la variedad de personalidades y orígenes”, etc.), pero sin detonar una reflexión critica sobre esos valores. Frecuentemente, esta acusación acompaña a otra: como Sutherland también indica, este tipo de libro “obedece a objetivos de adoctrinamiento”.

El miedo a lo “PC” (políticamente correcto) y al adoctrinamiento, en el campo de investigación de la LIJ, es antiguo y, de hecho, está justificado. Está en el ADN de la LIJ ser un gran proyecto de adoctrinamiento (en el significado más etimológico de “adoctrinamiento”). Unos de los más antiguos ejemplos de LIJ fueron historias para enseñar a los jóvenes cristianos a vivir bien, respetando las reglas religiosas, y a morir con alegría y confianza en la autoridad divina.

En este contexto, una historia como La isla podría no ser más que un cuento sermoneador sobre las consecuencias dramáticas de la exclusión social, de la intolerancia y de la indiferencia. Podría aprovechase del sentido de culpa del pobre lector joven, presentando los pecados de la sociedad y dictándole la obligación de redimirlos.

Pero en lugar de eso, en este escenario, los niños no son salvadores. De hecho, son criminales también; imitan exactamente el comportamiento de los adultos. No está claro de quién podría venir la solución.

Ni siquiera si podría haber solución alguna. La isla propone un retrato desencantado, no solo de la comunidad particular que rechaza el inmigrante, sino también de la sociedad en general. Parece que la sociedad no es salvable. Nunca hay una posibilidad real de redimir sus pecados, porque son presentados como pecados originales del mismo concepto de sociedad. No es “esa isla” –es decir, esa sociedad– que esta intolerante y violenta. Es una isla –una sociedad– precisamente porque es intolerante y violenta.

Las comunidades humanas, el álbum insinúa, se mantienen unidas únicamente por una combinación de violencia y de orden imaginario, dirigidos externamente contra extranjeros, y también internamente contra sus propios miembros.

Veamos esta serie de viñetas en los márgenes del álbum: 

Estas viñetas no son mencionadas en ningún lado del texto. Constituyen una narrativa alternativa, o paralela, a la principal. Pero pueden ser interpretadas como un cuento alegórico, más general, de lo que pasa cuando unos seres humanos deciden formar una comunidad.

Sobre la primera viñeta hay herramientas que representan la construcción –tanto concreta como simbólica– de una sociedad. Tal vez no es una coincidencia que la herramienta elegida sea un martillo con sus clavos. La referencia a Jesús sobre la cruz, soportando el pecado original, es evidente. Pero probablemente Greder, que es alemán, también conoce el extracto famoso del “martillo” en la obra del filósofo Martin Heidegger, en Ser y Tiempo. El martillo, dice Heidegger, no existe por sí mismo, sino solamente para martillear. Si el martillo se rompe, su identificación como una herramienta se corrompe. Esta primera viñeta da una impresión instrumentalista, intencionalista, y en cierto sentido bastante débil, del origen de la sociedad.

La última de las viñetas muestra lo que ocurre cuando la sociedad se forma. Dramáticamente y cómicamente también, obtenemos una lata de sardinas, en la cual todos son similares y están apretujados, en un orden claramente artificial e incómodo. En esta configuración (según cuentan las demás viñetas) el individuo es condenado a una vida de sacrificio y de deterioro. Por fin, el álbum predice, todo está abocado a explotar.

Estas viñetas cuentan la violencia interna de cualquier orden social. El inmigrante no es la única víctima de este sistema. El criminal principal es el contrato social.

¿Quiere decir esto que La isla es un libro tan cínico, tan desesperado, que no se puede llamar “políticamente comprometido”? Tal vez su retrato de la sociedad como irreclamable significa que es, de hecho, un libro precisamente sin compromiso, un libro de desesperación.

En mis viajes encontré otros territorios narrativos que me parecían, como La isla, principalmente pesimistas. En El pintor de banderas, Alice Brière Haquet y Olivier Philipponneau cuentan la historia de un pequeño artista que pinta las banderas de todos los países del mundo. Le gusta mucho su trabajo, y lo que hace gusta también a los presidentes y reyes que quieren nuevas banderas. Pero los países entran en guerra, y, buscando un culpable por las masacres que siguen, los líderes matan al pequeño pintor.

Sí, sí, así acaba el álbum. De verdad. No sé exactamente cuántos niños se han traumatizado por el resto de sus vidas por leer este libro, pero Alice, la autora, me contó que ha recibido muchos mensajes lacrimógenos.

Hay otros álbumes que no son tan tristes o terribles, pero son emocionalmente difíciles porque sus conclusiones, aun siendo felices, llegan a costa de muchas muertes o desastres. En Cuando nos hayamos comido el planeta, de Alain Serres y Silvia Bonnani, hay un salvador. Todo el planeta ha sido devorado por la glotonería y la avaricia de los humanos: ya no queda ningún animal, planta, ni humanos, pero aparentemente queda un niño, “sus bolsillos llenos de semillas”, que va a salvar la Tierra.

En Revolución, de Sara, la revolución en cuestión está causada por la muerte de un manifestante; él se convierte en un símbolo del león, que guía la revolución.

Esas obras ligeramente o radicalmente pesimistas, que dan una visión desencantada de las comunidades humanas, por supuesto usan estrategias visuales y estéticas evocan una separación original entre seres humanos.

La isla usa grandes espacios blancos, en los cuales los personajes parecen perdidos, aislados.

En El pintor de las banderas tenemos una mezcla muy interesante de serigrafía y de pintura libre. Al inicio, el pintor mezcla colores libremente sobre su papel; pero los presidentes y reyes que piden banderas están muy bien destacados, cada uno con su color. La serigrafía, que es una técnica artística donde cada color se aplica por separado, simboliza este hecho muy bien. Al final de la historia, las colores han desaparecido casi del todo, sumergidos en los grises y negros del campo de batalla. El pintor, con su boina azul, es el último orejón del tarro -y por eso debe morir.

Revolución y Cuando nos hayamos comido el planeta usan collage, una estrategia favorita en muchos libros comprometidos. Tal vez porque es una estrategia muy frecuente también en general, para álbumes de LIJ “post-modernistas”, de alta calidad, con aspectos filosóficos, y que ponen en duda las normas estéticas y ideológicas de la LIJ. Pero en este caso, la visión de papeles rasgados o cortados, de orígenes diferentes, encolados juntos por los artistas, se adapta particularmente bien a las ideas de los álbumes.

Son historias de personas y de cosas que no se mantienen juntas muy bien, que nunca se sientan perfectamente a gusto, que nunca se combinan idealmente. Fueron apretujados juntos artificialmente –como en una lata de sardinas. Como nosotros, en la sociedad.

 

2) Territorios tiernos y tranquilos

Ilustración de Mizielinska y Mizielinski.

Mi viaje en la LIJ comprometida también me llevó a territorios más tranquilos, más tiernos. Hay muchos libros comprometidos que quieren cambiar el mundo no mediante el retrato de un mundo corrompido y siniestro, sino a través de retratos más íntimos y más dulces, de cambios individuales. Este tipo de libro lo llamo “de cambio microscópico”. Son libros que (como los que vimos en la primera parte) también tienen una visión de la sociedad como muy imperfecta. Pero, a diferencia de los primeros, creen en la posibilidad de transformar esta sociedad imperfecta paso a paso, con cuidado y bondad.

Estos libros a menudo valorizan el círculo pequeño de la familia como punto de partida de las transformaciones sociales. En el cuento corto ilustrado Cómo curé a papá de su miedo a los extranjeros (del alemán: Wie ich papa die Angst vor Fremden nahm; aquí en su versión francesa: Mi papá tiene miedo a los extraños), una niña se lanza a hacerle una terapia a su papá, que, como el titulo indica, tiene miedo a los “extraños”. Está claro en el libro que, de hecho, no son a los extraños en general, ni siquiera a los extranjeros en general a los que el papá tiene miedo, sino únicamente a las personas negras. La niña, que tiene una amiga negra, va a jugar un rol de psicóloga de su padre con una precisión casi médica, para “curarle” este miedo.

En primer lugar, caminando con él, la niña lo interroga sobre su miedo. “¿Por qué te dan miedo los extranjeros?”, le pregunta a su padre. “Son numerosos”, contesta. “Están en todas partes…”, “bueno, y están sucios”, “y hacen mucho ruido”; “hablan idiomas que no entendemos”, “son diferentes de nosotros, tienen rasgos gruesos”,… “y además, los Negros tienen la piel demasiado oscura. Todo el mundo tiene miedo a la oscuridad, porque es escalofriante”. “Esa es la explicación que me medio mi papá. Yo no respondí nada”.

Como se puede ver, todas las imágenes contradicen el monólogo del padre, de una manera no extremadamente sutil, pero al menos humorística. La niña opera como una terapeuta conductual. Escucha al paciente, que claramente vive en un mundo imaginario muy diferente de la realidad; y después, va a confrontarlo con un grupo de “extranjeros”.

Este grupo es la familia de su amiga, que para el acontecimiento se emperifollan “con traje tradicional”. Por fin el padre está curado de su miedo y todos son felices juntos.

¿Precioso, no?… Pues, si esta historia os molesta un poco, esperad un momento. Volveré a ella muy pronto.

Una segunda historia de este tipo: La caries, de Manon Gauthier y Avi Slodovnick. En este tierno álbum, Marissa, una niña, va al dentista para sacarse un diente. Es una operación bastante dolorosa, y Marissa tiene muchas ganas de encontrar una moneda bajo su almohada el día siguiente.

Pero antes de irse, Marissa ve un hombre sin hogar en la calle. “Nadie parecía reparar en él”, dice el texto. En el mundo gris de la imagen, solo la niña y el hombre tienen color. Además, las otras personas en la calle son dibujadas sobre papel de calco; cada persona, la imagen indica, vive en su burbuja.

En la calle, Marissa se suelta de la mano de su madre, y corre hacia el hombre para darle su diente; el texto sugiere que ella piensa que el hombre podría, gracias al diente, obtener una moneda durante la noche.

El hombre sonríe.

Pero la última página del álbum solo muestra una cama vacía, con estas palabras: “Ahora, la única cosa que le faltaba era… una almohada”.

Precioso también, ¿no?

Está claro, con estos dos álbumes, que yo mentía cuando dije que estos son territorios “tranquilos y tiernos”. En realidad, su aparente dulzura tiene un contrapeso más oscuro. En ambos casos, no es del todo posible cerrar el libro sin sentirse bastante incómodo. ¿Por qué?

Porque estos libros comprometidos, bajo su apariencia bienintencionada, nos alertan de las ambigüedades de esas “buenas acciones” cotidianas que nos hacen sentir mejor. La caries habla de un acto de generosidad muy mono, pero muy inútil. Concretamente, Marissa no ha ayudado el hombre. Le ha dado un diente. Y el diente solamente tiene poder en la cabeza de Marissa.

No porque Marissa tenga imaginación, y creatividad, y otras cualidades preciosas de la infancia en general; sino que porque Marissa tiene cualidades preciosas de una infancia en particular: una infancia privilegiada.

Marissa pertenece a una familia de clase media, donde los niños normalmente reciben una moneda cuando pierden un diente. Es más, Marissa pertenece a un mundo donde no es imaginable que a un hombre pudiese faltarle una almohada. La caries puede parecer una historia optimista y dulce sobre el poder de la imaginación y la inocencia de la infancia. Pero puede interpretarse, también, como justamente lo contrario: es la historia de la escasez de imaginación de una niña que considera su entorno como un mundo bondadoso, porque su situación particular es una situación de privilegio. Marissa también vive en una burbuja; su gesto de amabilidad es mono, pero vacío: ella es la única persona a la que le sirve realmente.

Y al fin, el lector del álbum se encuentra solo con la conclusión desesperada de la historia. Marissa se ha ido; ella –su personaje– no se ha dado cuenta de que el diente no va a ayudar al hombre. Pero nosotros lo sabemos, porque vemos la cama vacía, y porque el narrador nos informa de la realidad. Y estamos solos cuando nos damos cuenta de la ironía de este acto de generosidad inútil.

Es interesante ver que mucha gente no acepta esta interpretación de este álbum. Generalmente, como se puede ver en internet, las reseñas dicen que es un álbum muy lindo y dulce para que los niños aprendan a cuidar de otros. Yo, sin embargo, pienso que es un álbum comprometido muy radical que obliga el lector a contemplar la vacuidad de sus gestos de generosidad cuando no son informados por un saber profundo e inteligente de su alrededor. Hay un hecho trágico en este álbum: dar un diente a un hombre sin hogar, aun con la mejor intención del mundo, no puede cambiar el mundo.

Cuando di una presentación sobre La caries en una conferencia en Irlanda, hace pocos años, algunas personas se sintieron desestabilizadas por mi conclusión. Una me dijo: “Eres injusta; hay una transformación del mundo, porque Marissa y el hombre ambos sonríen”.

Ambos sonríen, sí, muy bien… Tal vez este hombre no tiene muchas razones de sonreír en su vida. Y sin duda, esta sonrisa es importante: muestra que es posible establecer una relación entre personas que normalmente no se comunican en la sociedad. Esta sonrisa verdaderamente es importante, sí.

Pero, en este contexto, es esta sonrisa la solución… ¿o el problema? Tal vez es un problema que nos conmueva ver que el hombre sonríe a Marissa. ¿Pensamos que una sonrisa es suficiente, para un happy end? ¿Pensamos que la única cosa que le falta a los hombres sin hogar es una sonrisa?

El libro, en mi opinión, nos obliga, muy sutilmente pero muy radicalmente, a reflexionar sobre la diferencia entre actos que son simbólicamente buenos, y actos realmente transformadores. La sonrisa, como el diente, nunca se convertirá en moneda para el hombre.

Vale la pena volver a la otra historia –la del papá y su miedo a los extranjeros. Como dije antes, el final puede parecer bastante incómodo. ¿Por qué? Quizás porque este final es demasiado idealista, demasiado fácil. Como indican varias reseñas en internet, “el Papá no sufre un «miedo» a los extranjeros, es racista, simplemente”. El libro parece indicar que podríamos “curar” el racismo fácilmente.

Hay otros problemas con este final, particularmente la representación de la familia “africana”, que lleva puestos unos trajes “tradicionales” no identificados, con detalles cómicos (un globo en forma de león, gafas de sol, un sonajero de bebé). Es fácil ver esta imagen como una manera de ridiculizar las tradiciones reales de personas de origen africano en Europa. Es especialmente incómodo, dada la historia de representaciones racistas de personas negras en libros infantiles europeos. La imagen infantiliza esta familia, y da una idea de un “África” homogénea, que nos remite a lo peor del pasado colonialista de Europa.

Pero el álbum es, de hecho, más ambiguo. Políticamente incorrecto, sí, pero racista no. Pienso que el álbum nos hace incómodos intencionalmente. Fijaos atentamente en la imagen en la pantalla. Hay un niño que no lleva puesto ningún “traje tradicional”, y que parece de mal humor.

El texto nunca menciona a este niño, pero él aparece en cada imagen. El lector no sabe cómo se llama, pero sabe una cosa muy importante: este niño no quiere participar en el gran carnaval terapéutico. No quiere dar al hombre blanco, con una fobia a las personas negras, una experiencia graciosa y amable de la otredad.

En esta historia silenciosa y paralela (no muy diferente a la de las viñetas en La Isla), el niño representa, podríamos decir, al lector crítico –la mirada externa y reprobadora. Hay varios puntos de identificación en estas imágenes –por supuesto, la niña que cuenta la historia, y su papá también, y Bania, su amiga “extranjera”. Pero este niño también es un punto de identificación muy importante para el lector, porque es el personaje que nos permite ver la historia con ojos críticos y analíticos. El niño se niega a participar en esta celebración de la tolerancia y del compañerismo; haciéndolo, revela la dimensión teátrica, ficcional, de estos valores.

El niño cambia al final de la historia, cuando el Papá empieza a hacer trucos de magia. Finalmente participa y sonríe. Es el momento cuando todos se han presentado; cuando todos han entrado en el gran espectáculo de la vida social. Sonríen todos, porque han logrado generar la sensación de que pueden vivir juntos.

Espero que haya conseguido convenceros de que esos territorios no eran tan tiernos y tranquilos al final. La literatura comprometida para niños, aun cuando parece muy mona, puede ser muy radical. Su dimensión radical, a menudo, reside en la incomodidad que causa, estratégicamente, en el lector.

 

3) Territorios triunfantes

Ilustración de Pascale Bouchié.

La tercera y última categoría que voy a presentar hoy consiste en libros que presentan revoluciones, protestas y manifestaciones, ya sea históricas o inventadas. Muchos de esos libros pertenecen al género de la biografía histórica. Por ejemplo aquí, Rosa, una biográfica de Rosa Parks (¡hay muchas!), que representa también las manifestaciones que siguieron a su acto de resistencia.

En Francia, para el aniversario de las protestas de mayo de mil novecientos sesenta y ocho, salieron dos álbumes para niños. Tous en grève, tous en rêve (Todos en huelga, todos soñando), de Alain Serres y Pef, fue publicado en la editorial de inclinación comunista Rue du Monde, y representa las manifestaciones desde la perspectiva de los obreros. 

La editorial más burguesa L’école des loisirs, el mismo mes, editó Véro en mai (Vero en mayo), que pone el foco en las manifestaciones de los estudiantes.

Éste es un álbum sobre la primavera árabe, publicado en edición bilingüe árabe-francesa.

En todos estos casos, los álbumes generalmente mezclan realidad y ficción –por ejemplo, usan personajes ficcionales para contar la historia, pero las personas históricas también tienen voz. Muchos mezclan también modos de narración clásica con elementos documentales; a veces, tienen una parte documental al final del libro, o un prólogo –es decir, su paratexto es documental.

Pero a veces también los elementos documentales están integrados en el curso de la historia, combinando el hecho histórico con la ficción. En efecto, es difícil con estos libros decir exactamente dónde empieza la obra de imaginación y donde dicen “la verdad”. Son políticamente comprometidos precisamente, tal vez, porque nos dicen que no hay una dicotomía clara entre la “realidad” histórica, y la experiencia vivida de personas –o de personajes– en tiempos intensos de revolución, de cambio, de esperanza.

Pero hay también muchos libros que no se basan en ninguna realidad historica. Al menos, no recuerdo que tocáramos el episodio de la gran revolución de las patatas valientes en mis clases de historia. Pero estas patatas no quieren terminar en tortillas.

Y estas vacas no son felices con sus condiciones de vida. Quieren mantas eléctricas (Querido Granjero Brown, Hace muy frio en el establo por la noche. Quisiéramos unas mantas eléctricas. Saludos cordiales, Las vacas), y el pato quiere un trampolín para el estanque. Es una buena razón para hacer una huelga.

Entre paréntesis, el universo de la granja o de animales de la granja inspira mucho los creadores de LIJ comprometida; en primer lugar porque inspira a la LIJ en general, pero también, probablemente porque se inspiran en el libro totémico de literatura comprometida para adultos, Rebelión en la granja, de George Orwell.

Generalmente, estos álbumes que presentan rebeliones o revoluciones muy estilizadas, muy simbólicas, terminan bien y transmiten el “mensaje” de que el progreso social depende de los esfuerzos colectivos de un pueblo. Se pueden considerar como introducciones a las luchas sociales.

Pero algunos, como Click Clack Moo, Vacas que escriben a máquina, han sido criticados por su trivialización de las reivindicaciones de trabajadores. Las vacas reclaman unas mantas eléctricas, pero no parecen sufrir por estar apretadas en un establo, donde, cada mañana, una maquina succiona la leche de sus ubres.

El “triunfo” de estos álbumes, sus representaciones gloriosas de transformación, entonces no deben ocultar sus aspectos idealistas. Pocas revoluciones ocurren tan pacíficamente, y pocas patatas tienen la oportunidad de escapar a su destino de tortilla.

 

4) Territorios teóricos: ¿cómo cartografiar la LIJ comprometida?

Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry.

Habiendo vuelto de mis viajes con mis notas, fotos e ideas, me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo convertirlas en un trabajo de tesis. Necesitaba una perspectiva teórica. Pero todas las perspectivas teóricas que encontré eran exactamente opuestas a las ideas que había formulado en mi cabeza cuando estaba leyendo los libros.

En primer lugar, ¿por qué necesitaba una perspectiva teórica? no para quedar bien durante la defensa de mi tesis –o, al menos, no solo para eso– sino para algo más importante: ser capaz de formular ideas coherentes e interesantes, que se mantuvieran juntas y que me permitieran, idealmente, elaborar un modelo de interpretación de la LIJ comprometida en general.

Ilustración de Martin Handford.

Sé que las cuestiones de teoría son un poco abstractas; así que voy a dar unos ejemplos de “perspectivas teóricas” contemporáneas en el reino de la LIJ para ir situándonos.

La perspectiva teórica dominante en la actualidad en países anglosajones surgió hace quince años, y aquí se pueden ver tres de sus representantes más importantes.

Maria Nikolajeva, Perry Nodelman y Roberta Trites han escrito mucho sobre el poder del adulto en la LIJ, y el estado comparativamente desfavorecido del niño. Para ellos, la LIJ es fundamentalmente una literatura, si no de opresión, al menos de conformación social del adulto sobre el niño. Los libros de LIJ enseñan al niño a reconocer la voz del adulto como una fuente de sabiduría y de razón.

Para ser claros: no es solo una cuestión de representación de personajes. No es sólo porque hay personajes adultos en libros de LIJ que a veces dicen a los niños que deben hacer eso o aquello. Es mucho más fundamental. La voz narrativa de la LIJ en general no puede escapar su propia naturaleza: es una voz construida por adultos para niños. Y en nuestro mundo, esta relación está caracterizada por un desequilibrio social, cultural y también biológico y fisiológico. La LIJ mantiene ese desequilibrio porque soporta, en su propia razón de ser, las diferencias entre adultos y niños.

Como resultado, la LIJ está marcada por lo que Maria Nikolajeva llama à ‘aetonormativity’, la norma de la edad: la noción de que, en libros de LIJ, hay una normalización del ser adulto, en detrimento de la infancia. Perry Nodelman añade que hay siempre un adulto “escondido” en libros de LIJ, incluso en libros sin personajes adultos; la voz de ese adulto escondido es siempre perceptible, y analizable con métodos de crítica literaria.

¿Qué significa esa perspectiva teórica para el investigador de LIJ? Pues, le da una estructura de lectura y de interpretación. Si estás interesada en los mecanismos de opresión o de represión de los niños por los adultos en la LIJ, vas a leer los textos buscando a esos mecanismos. Vas a concluir que hay muchos, y vas a detallarlos, y vas a construir un análisis sofisticado de los fenómenos literarios y narrativos que constituyen esta relación desequilibrada.

Es importante saber que no es un problema que conozcas tus conclusiones antes de empezar el análisis. Es normal –es el papel de una perspectiva teórica. Una teoría te permite leer con gafas especialmente construidas para detectar unos rasgos literarios particulares; no es decir que no existen otros aspectos de la obra; solo quiere decir que has decidido no poner el foco sobre ellos.

Otro ejemplo, completamente opuesto, de perspectiva teórica es la de Marah Gubar, una profesora estadounidense que propone el concepto de ‘kinship theory’. No sé como traducirlo en francés, menos todavía en español; sería algo así como una teoría del parentesco, amistad, o de afinidad. Es la noción de que debemos leer la LIJ con gafas teóricas ajustadas para detectar los momentos de similitud, de complicidad entre adulto y niño; esos momentos en los que aparece nuestra humanidad común.

Se pueden ver, espero, las diferencias importantes en términos de definición y de lectura entre estas dos perspectivas teóricas. Constituyen los dos puntos principales del espectro teórico contemporáneo del estudio de la LIJ en los países anglosajones.

Era muy difícil, en el caso de mi trabajo, adherirme a una perspectiva o a la otra. La LIJ comprometida que estudié nunca había sido explorada por ellas, y se puede entender por qué. Ninguna puede realmente considerar los libros comprometidos como libros que merecen su atención. Para los partidarios de la ‘aetonormativity’ -la norma de la edad-, la LIJ comprometida es lo peor de lo peor, el diablo: es el paragón de lo que ocurre cuando un adulto quiere forzar a un niño a hacer algo mediante la literatura.

Entonces, no es “interesante” estudiar estos libros; es demasiado evidente que quieren transmitir un “mensaje”; el adulto no está escondido en absoluto: sería el juego de escondite literario más soporífero del mundo.

Más importante, estas gafas no me permitían hablar de los aspectos de la LIJ comprometida que no son opresivos para el niño. Como describí anteriormente, no son libros simplistas, ni siquiera necesariamente simples; hay ambigüedades en sus mensajes; tienen momentos de incomodidad, de cinismo, de esperanza; momentos donde la autoridad adulta se borra.

La perspectiva de la teoría “de parentesco” funcionó un poco mejor. La relación entre el adulto y el niño en la LIJ comprometida tiene un principio externo –cambiar el mundo– así que los dos se podrían considerar como compañeros en la realización de ese principio. Utilicé esta teoría un poco, pero enseguida me di cuenta de que no era perfecta tampoco; porque, para mí, era importante también hablar de los otros aspectos de los libros: los momentos cuando los libros eran, pues, autoritarios y desequilibrados.

En otras palabras: con una teoría no podía hablar del compañerismo entre adulto y niño en la LIJ comprometida; y con la otra, no podía hablar de las tensiones, frustraciones y momentos de opresión en la relación entre adulto y niño. Me sentía como Ricitos de Oro (excepto por el pelo tristemente lacio), buscando una tercera perspectiva más adaptada a mis preguntas y a mi visión.

Ilustración de thefrenchexperiment.com.

Aparecen en escena Sartre y Beauvoir. Sartre, por supuesto, no solo teorizó, sino que también escribió literatura políticamente comprometida. No había pensado en él inmediatamente cuando empecé mi trabajo, sin embargo, porque me pareció una teoría muy antigua. De hecho, la LIJ comprometida para adultos no está de moda en nuestra época. Hoy, casi nadie que trabaja sobre la literatura adulta usa la teorización de Sartre, Qu’est-ce que la littérature?, ¿qué es la literatura?, publicado en mil novecientos cuarenta y ocho.

Pero cuando leí de nuevo este libro, que había leído muchos años antes en la escuela en Francia, entendí que la teorización de Sartre no estaba obsoleta para el tipo de libro que yo estudiaba. Sartre propone una visión de la literatura como un acto siempre comprometido, tanto para el autor como para el lector. Una novela, dice, deber ser “una exigencia y un regalo”. Es decir: debe ofrecer a la imaginación del lector unas nuevas posibilidades, visiones, esperanzas; debe ofrecer belleza y profundad. Pero debe también dar al lector una misión, una tarea. Debe decir al lector: así es el mundo; es muy imperfecto; por favor, ayúdame a cambiarlo. Para Sartre, la literatura tiene la responsabilidad fundamental de reflejar el mundo precisamente para transformarlo.

Esta aparente paradoja (un libro que es al mismo tiempo un regalo y una exigencia) nos permite articular un punto fundamental de la LIJ comprometida para niños, porque añade un matiz importante a lo que teoristas de LIJ llaman “el mensaje”. “El mensaje”, dice Sartre, existe, pero en un delicado equilibrio entre regalo y exigencia.

Sí, la LIJ comprometida para niños es, a veces, opresiva y autoritaria: presenta un mundo de guerras, de injusticias, de desigualdades. Sí, también a veces culpabiliza el lector, o, como vimos antes, lo incomoda o lo aterroriza. Este es el aspecto “exigente” de la LIJ comprometida. Tenemos que explorarlo muy cuidadosamente, porque es el aspecto que más riesgo tiene de resultar en una parálisis del lector. Es el poder del adulto que dice: “¡Tienes que hacer algo!”.

Pero si nuestras gafas teóricas nos lo permiten, podemos también asistir a todos los momentos en los que esos libros ofrecen “regalos” a los lectores: momentos cuando el lector puede oír: “Tú es capaz de hacer algo”.

Mirad esta imagen de Rosa, de Bryan Collier.

El lector del álbum de repente se encuentra en la situación visual exacta de Rosa: vemos un hombre girando en nuestra dirección, y su mirada dubitativa juzga nuestro acto… La cámara subjetiva permite una identificación total con la figura histórica de la señora que contribuyó a cambiar el destino de las personas negras en América.

Estos momentos de “regalo” son un himno al poder del lector joven, pero tampoco funcionarían sin los momentos de exigencia. De hecho, son ya también unas exigencias. Si el lector joven merece mezclar su perspectiva visual con la de Rosa, significa que no puede quedarse indiferente ante las situaciones de desigualdad que continúan en su sociedad. Significa que tiene el poder y la responsabilidad de mirar al mundo como Rosa lo miró.

Antes, hablé mucho de la incomodidad o de la sensación de desesperanza que ocurre a veces en la LIJ comprometida. El momento molesto cuando descubrimos que el hombre sin hogar de La caries no tiene una almohada, es un momento típico donde la exigencia aparece. El álbum nos ha regalado una historia positiva y mona, que refleja también la injusticia social. El final, abierto y flotante, nos interpela de forma diferente. No es solo un regalo, dice, sino que también es una exigencia. Ahora sabes que lo que Marissa hizo no es suficiente. ¿Qué vas a hacer tu?

Y el lector no está siempre en la situación cómoda de una heroína histórica. En esta imagen de Click, Clack, Moo, la cámara subjetiva identifica al lector como el granjero Brown. Es decir, como el opresor. De nuevo, la mirada exige una respuesta del lector. ¿Qué vas a hacer tu, en un mundo donde existen personas –patos, vacas, y probablemente seres humanos– que están explotados para tu placer?

(Entre paréntesis, se podría decir mucho sobre el tema de “la mirada” en la obra de Sartre, y además en la LIJ comprometida, pero no tengo el tiempo.)

Pero si el lector de la literatura comprometida debe responder a unas exigencias, entonces, lógicamente, el lector debe estar considerado por el autor como un individuo capaz de realizar la tarea magistral de cambiar el mundo. En otras palabras, no puede existir una literatura en la que el autor no tiene confianza, e incluso esperanza, en el poder del lector. Sartre dice: “No escribimos para esclavos”.

Es una idea muy importante. Seria inútil y fútil, dice Sartre, escribir para lectores que no pueden hacer nada con nuestro “proyecto” de escritura. Cuando escribe, tiene unas ideas para el mundo, tiene una esperanza y un proyecto existencial. La idea de Sartre es que este proyecto existencial va a conectarse con los de otras personas –los lectores– y crecer y florecer en el futuro.

Pero los lectores no son “esclavos”: es decir, no van a adoptar el proyecto del autor sin cambiarlo. Van a adaptarlo. Quizás, van a corromperlo. Es una posibilidad que el autor tiene que aceptar, e incluso valorar, porque significa que el lector es libre.

La libertad del individuo, por supuesto, es el axioma central de la filosofía existencialista de Sartre. Todos nosotros somos fundamentalmente libres, y no tenemos ninguna esencia, ningún principio de vida que debamos seguir. Debemos elegir un proyecto para construir nuestra existencia; debemos comprometernos, a pesar de que es más fácil seguir el orden y las reglas que la sociedad nos impone.

La sociedad, en la opinión de Sartre, es muy similar a la lata de sardinas de Greder: reduce nuestras libertades, nuestros proyectos, en un orden artificial.

La LIJ comprometida que presenta visiones de la sociedad muy negativas muestran el resultado trágico de un respeto estricto por las reglas arbitrarias y opresivas que la sociedad impone.

Al contrario, hay libros de LIJ comprometida –no todos, por supuesto– que intentan dar al niño la capacidad de elegir algo con lo que comprometerse: un proyecto que sea suyo, pero al mismo tiempo una continuación, una adaptación, del de un adulto.

Ilustración de Pef.

Aquí me inspiré mucho en la escritura teórica de Beauvoir sobre la infancia. Para Beauvoir, el niño es simbólicamente una criatura del futuro, una criatura que va a convertirse en algo. Su poder depende absolutamente de este hecho. El resultado es que, para el adulto, el niño representa las ramas futuras, desconocidas y largamente impredecibles, de su proyecto. La LIJ comprometida se puede teorizar como una de las realizaciones de adultos que se dan cuenta de la limitación temporal de su existencia, y de la posibilidad de extenderla con la libertad de otros actores: los niños. En mi trabajo, la dimensión temporal de la LIJ comprometida se reveló central para su teorización – irónicamente, no tengo tiempo de hablar de eso, pero podríamos discutirlo en la sesión de preguntas.

Al final de mi tesis, había construido unas gafas teóricas especialmente para analizar la LIJ comprometida, y seguí mejorándolas en los años siguientes. Mi perspectiva, que llamé ‘existencialista’, de la LIJ comprometida podría resumirse del siguiente modo:

Cuando leemos un libro de LIJ comprometida, debemos estar atentos a:

  • Sus maneras literarias y narrativas de presentar el mundo como una tarea, una misión, un proyecto. Es el aspecto del ‘regalo’ y de ‘exigencia’.
  • Sus maneras de presentar al lector joven como armado de poder para el futuro; como un actor independiente y libre, pero al mismo tiempo,
  • sus maneras de presentar el adulto como un actor indispensable también, un representante del pasado, que tiene experiencia y deseos.

Estas maneras van a ser diferentes de libro en libro. A veces, como en algunos de los libros que he mostrado antes, se pueden ver en los momentos de ambigüedad, cuando el texto no puede decidir si quiere representar el mundo, al lector, al adulto para bien o para mal. A veces, se puede detectar en juegos con el género de un texto, con sus referencias, con su paratexto.

A veces podemos concluir que el libro de LIJ comprometida es un gran éxito, tan sofisticado en su presentación del mundo como respetuoso de la inteligencia del lector. A veces podemos concluir lo contrario: que el libro presenta un mundo idealista, un lector pasivo, un adulto omnipotente.

No intento argumentar que toda la LIJ comprometida encuentra el equilibro ideal entre regalo y exigencia. Pero al menos, ahora tengo las herramientas conceptuales para analizar, al nivel del texto, de la narración, e incluso del paratexto, lo que pasa en un libro de LIJ comprometida. Necesita su propia teorización porque es una literatura que no puede ser reducida a su deseo de utilizar al lector para un principio político externo al libro.

En conclusión, ¿qué puede la literatura infantil políticamente comprometida? Puede cuestionar dicotomías literarias demasiado fáciles –entre el “arte independiente” y “didactista”, entre la voz narrativa adulta “poderosa” y el lector joven “débil”, entre la presentación de un proyecto político bien definido, y su continuación impredecible. Puede poner en palabras e imágenes nuestras concepciones vagas de que algo no funciona en el mundo –y al mismo tiempo permitirnos actuar en el mundo.

Es una literatura que no puede reducirse a sus estrategias de persuasión. Es una literatura que merece nuestra atención crítica y analítica, porque puede ser autoritaria. Pero no es un crimen querer transmitir a los niños un proyecto social, una esperanza para el mundo. Entonces, la LIJ comprometida merece, también, nuestra indulgencia y tolerancia, y gafas adaptadas a todos sus matices.

 

Bibliografía

Referencias primarias

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Giovanni, N. & Collier, B. (2005). Rosa. New York: Square Fish.
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Referencias académicas 

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Trites, R. S. (2000). Disturbing the Universe: Power and Repression in Adolescent Literature. Iowa City: University of Iowa Press.

*Clementine Beauvais es doctora en literatura infantil por la Universidad de Cambridge y profesora de literatura juvenil, escritura creativa, entre otros cursos, en la Universidad de York. Ha publicado una decena de libros para niños y jóvenes con mucho éxito en Francia y Reino Unido. Más sobre su trabajo en: www.clementinebeauvais.com/eng/

 

Ya llega el FLAI 2018

¿Qué tiene de inocente la mirada de un niño? ¿Cuándo puede la mirada de la experiencia pertenecer a una niña? ¿Cómo se relacionan inocencia y experiencia?, son algunas de las preguntas eje del segundo FLAI que intentarán responder o extender cuatro especialistas y unos 80 participantes a lo largo de tres días en Albarracín, ciudad medieval de cuento.

“En 1789, William Blake publicó sus  Canciones de Inocencia y Canciones de Experiencia, título al que cinco años más tarde añadió  ‘que muestran los dos estados contrarios del alma humana’. Ese par de conceptos o estados, la inocencia y la experiencia, que Blake consideraba contrarios pero complementarios, siguen estando muy presentes, en diferentes formas, en el discurso sobre la infancia actual”, se lee en la presentación del curso en www.flaialbarracin.com.

Nell Leyshon de Reino Unido, presentará el espectáculo escénico Yo, ¿adulta?, un monólogo sobre infancia, memoria y voz literaria, y el taller ¿Cómo se cantan la inocencia y la experiencia?  

Loïc Boyer de Francia, preguntará ¿Quién montó la fiesta infinita?, la historia de los artistas que formaron parte de la explosiva revolución visual alentada por los libros de Harlin Quist, en los alrededores de Mayo del 68″, e impartirá el taller sobre edición ¿Quién está al otro lado de la página? 

Lucas Ramada Prieto de España, pondrá en duda ¿Quién sabe? de ficción digital: nativos o ignorantes digitales, “¿y si unos no saben tanto ni otros tan poco?”. La respuesta implicará otro desafío: ¿Jugamos?  Un taller para probarlo todo.

Y, finalmente, Angelina Delgado Librero, también de España, compartirá un “relato documentado con imágenes e incertidumbres” que ilustre la pregunta: ¿Puede la inocencia interpretar(nos) el mundo?, y la sesión práctica: ¿Qué voz, qué mirada, qué palabra, qué infancia? para acortar la distancia entre experiencias adultas e infantiles de lectura de álbumes.

Además, contarán con la presencia de la Librería Antígona de Zaragoza, con una selección de libros especialmente curada para la ocasión. Si están en España o cerca, toda esta experiencia es imperdible. Se las recomiendo muchísimo. Dirigido por Ellen Duthie, Daniela Martagón y Raquel Martínez Uña, organizado por la Fundación Santa María de Albarracín y patrocinado por la Diputación Provincial de Teruel.

 

Ilustración de portada de Armin Greder.

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5 Comentarios »

  1. Me encantó la ponencia, gracias por publicarla. Gracias por todas las miradas que ofrece, las reflexiones.
    Yo me quedo con el cuidado en la selección (que hacemos los adultos como padres y/o como promotores de lectura en niños) de textos, ¿Qué les ofrecemos a los niños? ¿Qué libros comprarles? ¿Qué lecturas veremos en clase? La manera en la que los chicos asimilan las lecturas, las ilustraciones, el mensaje, en varias ocasiones es distinta a la del adulto. Creo es imperante poner atención a nuestras bibliotecas escolares. Ver los gestos y opiniones de los niños en el momento de la lectura; sobre todo seguir conviviendo, disfrutando y creando literatura.

    Saludos y abrazos!!!

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