“Dilo con un meme”, parece haberse convertido en una de las claves de acceso al mundo de adolescentes y jóvenes. Ejemplar síntesis de dos lenguajes: imagen y texto, tan cercana a los códigos de la literatura infantil y juvenil ilustrada, los memes constituyen una oportunidad de mediación lectora. Así lo explica la especialista cubana, Denise Ocampo, en este texto invitado.

Para expresar, con humor y crítica, estados de ánimo individuales o colectivos, marcas de identidad de grupos, sucesos de actualidad que generen polémica y otros contenidos diversos que pueden consistir sencillamente en contar un chiste o una microficción, los memes inundan las redes sociales, son un termómetro de la opinión pública y con frecuencia marcan la agenda mediática. Como ocurre con cualquier otra expresión cultural, aunque quizá más acentuado por su accesibilidad, su ejecución no siempre es afortunada y, prejuicios y estereotipos de por medio, también se han granjeado mala fama.

Para Denise Ocampo, sin embargo, muchos memes operan de forma compleja y cumplen funciones estéticas y lúdicas que no deberían desestimarse, son expresiones culturales tan legítimas como las canónicas, que además pueden recortar la brecha entre adultos y jóvenes cuando pensamos en mediación.

A lo largo del año en que el Consejo Editorial Juvenil de Linternas y bosques/Guardabosques elaboró el Manifiesto “Soy joven, soy lector”, pronto surgió la inquietud de si sería válido incluir memes en la publicación. Todos coincidimos en que no sólo se valía, sino que era necesario y congruente. Muchas de las reacciones intolerantes que tuvo el Manifiesto una vez que se difundió cuestionaban esta decisión y alegaban falta de seriedad. Pero todos los memes decían cosas muy serias:

Aceptar como válidas estas formas de escritura y lectura transmediales desde las instituciones, llevará su tiempo, pero van surgiendo cada vez más iniciativas. En 2014, el CERLALC dio un paso importante al publicar la Metodología común para explorar y medir el comportamiento lector, en la que recomienda incorporar blogs, correos electrónicos y redes sociales como “actos de lectura autogestionados” que deberían cruzarse con la lectoescritura prescriptiva de la escuela.

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En 2015, Ibby México, en conjunto con universidades como la UNAM y la Ibero, así como el Fondo de Cultura Económica y la ANUIES, publicaron la Primera Encuesta Nacional sobre Consumo de Medios Digitales y Lectura, en la que se incorpora específicamente la subcategoría “Hacer memes y subirlos” como parte de la lectura en internet. Ese mismo año, Néstor García Canclini y un grupo de expertos publicaron Hacia una antropología de los lectores, (Ariel/UAM/Fundación Telefónica). Allí, en el primer capítulo “Leer en papel y en pantallas: el giro antropológico”, Canclini afirma que “ni los hábitos actuales de los lectores-espectadores-internautas, ni la fusión de empresas que antes producían por separado cada tipo de mensajes, permite ya concebir como islas separadas los textos, las imágenes y su digitalización”. Y ante las “modalidades heterodoxas de lectura y sus combinaciones con prácticas audiovisuales y digitales” y los modos “discontinuos, interrumpidos, de leer”, deberíamos cuestionar la vigencia de las las encuestas de lectura librocéntricas.

Para Canclini, pantallas y papel son para los jóvenes “escenas en interacción”. 

En “Cómo leen los que escriben textos e imágenes” el quinto capítulo del libro (en el que participé compartiendo un diario de lectura) Verónica Gerber Bicecci y Carla Pinochet Cobos describen un escenario perfecto para la proliferación de los memes: “Uno de los cambios significativos que gatillan las tecnologías de la información y sus nuevos dispositivos tiene que ver con los modos en que interactúan el texto y las imágenes en su circulación contemporánea. En la medida en que los ciclos de la información se acortan y la movilidad de los contenidos es hoy más rápida y efímera que hace una década, el lector de hoy tiende a ser más receptivo a los contenidos que se adaptan mejor a esta agilidad y fluidez. Los lectores contemporáneos no sólo descifran textos, sino también imágenes de todo tipo y formas específicas de complementar unos con otros, que resultan legibles en el marco de la cultura visual en la que se desenvuelven”. 

Las investigadoras subrayan que “la coexistencia de los sistemas letrado, audiovisual y digital ha entrelazado sus contenidos al punto de que no sólo libros, revistas, videos, músicas cultas y populares circulan de un formato o soporte a otro sino que se potencian”.

Y aumentan su complejidad. Al consultar a los Guardabosques sobre esta nota en un grupo de Facebook, Fran Peraza y Rafael Romero Cantero afirmaron que, ante la saturación y especificidad de memes, a veces es difícil entenderlos, dependen de la coyuntura y por ello muchos caducan rápido, pero detonan nuevas búsquedas. “Yo a veces no entiendo un montón de memes. Por ejemplo me acaba de pasar con lo de la Miss transexual, vi los memes y no entendí qué estaba pasando, hice un poco de búsqueda… Y la neta me sentí mal, eran memes que dan pie a un discurso de odio, terminé borrando de mi Facebook a varias personas que estaban compartiendo esos memes”, dice Frann. 

“Es interesante lo que comenta Frann, porque el meme se ha convertido en un generador de búsqueda”, responde Rafael.

Sin duda, los memes juegan un rol importante en la socialización y actualización de contenidos. En esa dinámica, continúan Verónica Gerber y Carla Pinochet: “la frase no tendría el mismo impacto sin la imagen, y la imagen tampoco tendría el mismo impacto sin la frase”. Binomio que recuerda la forma de operar del libro álbum en la literatura infantil y juvenil.

Por otro lado, sin aportar mucho a la discusión y alimentando el prejuicio sobre los memes con el subtítulo “Las redes sociales más allá de los memes”, en 2015, Ediciones SM publicó el libro Enredados de Laura García Arroyo. Quizá podría haberse llamado “Internet para dummies”, aunque la booktuber Abril G. Karera, en su reseña del libro en Goodreads, lo explica mejor: “No estoy segura de que sea información que no domine todo aquel que se considere un verdadero internauta, pero sin duda podrá ilustrar, sobre todo, a adultos que se resisten a la era digital (que los hay, créanme). Oh, pero el libro pretende ser para chavos, rayos”. 

Entre el descrédito y la aprobación, los memes llevan en su nombre la discusión histórica, estética y filosófica. El término meme deriva del griego mimema que quiere decir “algo imitado” o mímesis, “imitación”, nada menos que la palabra con la que Aristóteles ilustra, en su Poética, el procedimiento esencial del arte para representar la naturaleza y la acción humana. Pero Platón renuncia a la mímesis pues considera que se trata sólo de mirar la apariencia de las cosas, copias de las copias, contrario al mundo de las ideas. El texto a continuación, que Denise Ocampo preparó generosamente para el blog (¡muchas gracias, Denise!), se sitúa justo en el medio.

 

El valor lúdico y estético de los memes en la mediación lectora con adolescentes y jóvenes

por Denise Ocampo*

 

Cada día una cantidad alucinante de memes circulan por las redes sociales, creados, recreados y propagados por una diversidad de usuarios. Si bien en su composición muchos meme involucran textos a decodificar por sus receptores, no es común que socialmente su consumo y replicación se consideren prácticas de lectura y promoción. Más bien aparecen emparentados con todo aquello que una visión tradicionalista supone en competencia con su ideal de cultura. Sin embargo, algunas características de los memes, en su brevedad y fugacidad, reflejan y estimulan intensos procesos de creación y recepción. Tales características y procesos pueden reproducir y enriquecer con nuevas modalidades los propios del libro y la lectura, en sus sentidos y soportes hegemónicos hasta la era digital. Las evidencias son cotidianas.

Limor Shifman propone su libro Memes and digital culture, de 2014, como un primer intento de crear “un nexo entre el discurso académico escéptico y el entusiasta discurso popular”[1] acerca de los meme. Al revisar la cuestión, desde el concepto pionero de Dawkins (1976)[2] hasta el momento de su investigación, Shifman propone definir los meme como “un grupo de entes digitales que comparten características de contenido, forma o posicionamiento, cada uno creado a sabiendas de la existencia de los otros, y difundidos, imitados y/o transformados por muchos usuarios a través de internet” (2014:7-8). Por su parte, refiere el autor, los usuarios emplean el término para denominar una “idea particular presentada como texto escrito, imagen, juego con el lenguaje, u otras ‘cosas’ culturales” que aparecen y se propagan con rapidez en la web (2014:13). Mientras la llamada memética se ocupa de unidades de análisis abstractas, la perspectiva “vernácula” de los usuarios de internet se refiere a unidades concretas de contenido audiovisual (Shifman, 2014:13).

Aprovecho la invitación de Linternas y Bosques para compartir con sus lectores, y en especial con los mediadores de lectura que trabajan con adolescentes y jóvenes, una aproximación que defienda, por medio de unidades concretas, a los memes como portadores potenciales de una serie de complejidades y funciones que fundamentan su valor en la cultura. Sobre bases teóricas, pero confesamente entusiasta y vernácula, me centraré en memes compuestos por texto y gráfica, o constituidos solo por texto, a fin de favorecer el hallazgo de analogías con el libro y la literatura.

Tal como incorpora la perspectiva popular al referirse a los juegos de palabras, un recurso muy frecuente en los meme es el aprovechamiento de las relaciones léxicas y/o semánticas paradigmáticas o sintagmáticas (polisemia, homonimia, sinonimia, antonimia, combinatorias, etc.). Así lo ejemplifica el siguiente meme,[3] basado en la polisemia de la palabra “clave”.

Sin embargo, los códigos lingüísticos y visuales tienden a complementarse, maximizando las sugerencias al lector, como se observa a continuación.

Aprovechando la antonimia entre las preposiciones “sin” y “con”, y la homofonía entre la expresión “con trabajo” y el sustantivo “contrabajo”, se construye ese meme. El joven desempleado muestra sus bolsillos vacíos, lo mismo que el con-trabajo. En un mundo en que la gordura ha dejado de ser una evidencia de salud y prosperidad, el corpachón del contrabajo –y sin dinero, ya sabemos– incluso puede hacernos pensar en las comidas baratas plenas de hormonas y calorías. Por encima de la sonrisa que arranca el juego con las palabras, se puede interpretar una alusión a la escasez de empleo o a los trabajos precarios a los que puede acceder la mayor parte de los jóvenes. Memes como estos requieren y promueven una riqueza lingüística y visual, y un pensamiento crítico, que contradicen el prejuicio de simpleza y banalidad que a menudo los estigmatiza a ellos como producto de la cultura popular y a quienes los crean, disfrutan y redistribuyen.

Como sugieren las nociones de transformación y, hasta cierto punto, de imitación, presentes en la definición de Shifman, otro de los recursos más usuales en los meme es la intertextualidad con discursos disímiles. Estas fuentes, textuales o gráficas, canónicas o contemporáneas, muchas veces provienen de las propias redes sociales y la cultura del entretenimiento. Por ejemplo, en el siguiente meme, el popular Grumpy Cat funciona como elemento intertextual fortalecedor del desagrado que expresa la declaración de desamor.

Pero el meme puede, además, discursar sobre sí mismo creando una relación metatextual, como se observa a continuación.

En este meme los elementos culturales bien conocidos estimulan el reconocimiento del valor paródico, reforzando el llamado de alerta sobre uno de los retos de la información en internet hoy.

Pero no solo se trata de guiños cómicos o tragicómicos que emulan con la caricatura o la historieta tradicional en las publicaciones humorísticas, o, sin más, la trasladan a un nuevo medio. Hay memes que reproducen en la web los cánones de los mensajes de bien público, informativos o civiles, usualmente trasmitidos a través de posters, pancartas, vallas, etc. El siguiente ejemplo nos muestra un entramado de elementos donde conviven el valor informativo puro con elementos formales (las estructuras disyuntivas en el mensaje, la disposición centrada del texto, el uso del blanco y negro coherente con la estética del rock) y contenidos éticos que llaman a la aceptación de la diversidad. Se trata de un potente conjunto que nos hace pensar y que, como favorece la red, se revela alternativo a una cultura dominante más extensamente diseminada en la vida offline.

A menudo los memes poseen también vínculos esenciales con la literatura. No solo se trata de la condición ficcional de muchos de sus mensajes, también por la puesta en funcionamiento de diversos elementos de un modo muy semejante a como aparecen en los libros tradicionales o en la cultura oral.

Una de las funciones del lenguaje, y de particular importancia en todos los géneros literarios, es la de trasmitir sentimientos y emociones. Los medios para este fin son, por excelencia, los contenidos referidos y la manera en que se presentan. Así también lo observamos en el meme de Grumpy Cat y en el próximo ejemplo, al combinar recursos en la elaboración lingüística de su mensaje (en el de Grumpy Cat, las contradicciones que van guiando al anticlímax; en el siguiente, la reiteración) con el protagonismo de las imágenes y recursos asociados a la tipografía y el puntaje. Los resultados son afines a los que se pueden lograr en una página de libro álbum.

¿Y qué es un trabalenguas sino una pieza de la literatura tradicional, donde el potencial lúdico del lenguaje queda maximizado?

Ahora bien, una de las formas en que mayor esplendor alcanza el valor literario en los meme es cuando consiguen trasmitir una historia que, por el propio formato de los meme, solo puede ser a través de unas pocas palabras cuidadosamente seleccionadas. Por ejemplo, el breve diálogo en el meme siguiente consigue incorporar la información necesaria para construir un minicuento fiel a los cánones del suspense y el terror.

Pero es posible llegar más lejos. Cuando en la imagen siguiente la chica queda señalada como “Yo” ante el chico identificado como “el amor de mi vida”, se han dispuesto para el lector las condiciones de un discurso en primera persona. Dos cuadros sucesivos en que los jóvenes se cruzan y siguen de largo conforman una secuencia en un lapso de tiempo, imprescindible para que ese discurso se pueda definir como narrativo. La inscripción “y… por eso estoy solter@” de alguna manera evoca, negándola, la fórmula “Y vivieron felices”, mientas la arroba deja claro que es una historia contable desde la perspectiva de ella o de él, otra conocida fórmula literaria, empleada en distintos géneros.

Los creadores de contenidos, cuando procuran generar mensajes de impacto y pregnancia, suelen acudir a recursos que no solo requieren una alta competencia comunicativa, sino que promueven una lectura más cooperativa. Las soluciones tienden a decidirse allí donde la lengua se trasciende a sí misma hasta arribar al tropo poético, o donde la unión de texto y gráfica se funden para superar con el conjunto la suma de los componentes. Asimismo, el meme genera al creador la necesidad de construir todo su mensaje en un espacio reducido, de mostrar el desarrollo temporal de un evento a través de elementos que se miran de una vez. Y el lector se encuentra ante el reto de identificar esos elementos dispersos para construir sentido. No es simple para ninguna de las partes.

Cierto que el ingenio no garantiza la ética de los contenidos; muchos mensajes manipuladores, insultantes, inciviles, se hospedan en los meme. Pero, en esos casos, el cuestionamiento no debe centrarse en el meme como instancia de la cultura popular, que puede albergar un contenido u otro, sino en el ser humano generador o receptor gozoso de esos contenidos, que familias, escuelas, sociedades y gobiernos se han permitido formar.

Por todo esto creo que los meme, sus creadores y lectores merecen un poco más de reconocimiento y legitimidad. Se trata de entes culturales prestos a ir y venir del texto y el soporte canónicos a las narrativas transmediales, fértiles en oportunidades para lecturas inteligentes. En ellos los mediadores que trabajamos con adolescentes y jóvenes tenemos otro punto de encuentro entre la literatura y algunas preferencias de estos grupos. Una convergencia que, además, se torna multidireccional porque facilita que el lector, a su vez, se haga creador y mediador.

 

NOTAS

[1] Shifman, Limor: Memes and digital culture, The MIT Press Essential Knowledge Series, 2014, p.4. Todas las traducciones son mías.

[2] Dawkins definía los meme como pequeñas unidades culturales que, a semejanza de los genes, se trasmitían de persona a persona a través de la copia o la imitación. Dawkins, Richard: The selfish gene, Oxford University Press, Oxford, 1976.

[3] Todos los memes aquí mostrados pertenecen a la colección La Intolerancia no la Toleramos. Disponible en http://linlt.net/

 

 

*Denise Ocampo

Es doctora en Ciencias Lingüísticas (2017). Máster en Lingüística Aplicada en la mención de Semántica e Ideografía (Universidad de La Habana, 2005). Licenciada en Lengua Inglesa (Universidad de La Habana, 1998). Miembro del Grupo de Estudios Semánticos y del Discurso, de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana. Ha realizado actividades docentes en la Universidad de La Habana, la Universidad de Wolverhampton (Reino Unido) y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (República Dominicana). Actualmente es investigadora Auxiliar del Instituto de Literatura y Lingüística, del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, Cuba, donde creó e imparte el programa de posgrado en Mediación de Literatura Infantil y Juvenil. Ha sido coordinadora de talleres nacionales e internacionales sobre lectura y libros infantiles, y trabajado con niños en talleres de promoción de lectura en Cuba y en el extranjero.

En 2014, con su volumen Libro infantil y juvenil. Formación de lectores obtuvo el premio Pinos Nuevos del Instituto Cubano del Libro en la modalidad de Divulgación Científico-Técnica, y su texto “Esto dicen mis libros. Carencia material y desigualdad social en la narrativa cubana contemporánea para niños y jóvenes” obtuvo mención en el primer concurso de ensayo de Ciencias Sociales del Centro Memorial Martin Luther King. Ha publicado además los libros Lecturas alternativas. Reescritura de la violencia desde la literatura infantil (Gente Nueva, La Habana, 2017) y Análisis del discurso de cuentos escritos por niñas y niños dominicanos (CIED Humano, Santiago de los Caballeros, 2018).

Denise Ocampo será una de las ponentes del XX Seminario Internacional de Fomento a la Lectura de la FILIJ del 12 al 14. Denise participará con Elisa Corona Aguilar en una mesa sobre censura y literatura infantil y juvenil. El registro cierra el 31 de octubre. Aquí toda la información.

 

Galería de memes

Pedí a los Guardabosques que compartieran algunos memes que les gustaran, sumé algunos más con temáticas literarias y otros tantos de la página de facebook Memes Literarios (aquí una nota sobre el surgimiento de esta exitoso sitio con algo de historia sobre los memes). Compártannos en la página de Facebook del blog sus memes favoritos.

 

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2 Comentarios »

  1. Joel Franz Rosell Escritor
    7 min ·
    Interesantísimo el trabajo de Denise Ocampo sobre esta nueva forma de expresión y de escritura híbrida que son los “memes”. Yo ni siquiera conocía la denominación de este tipo de mensaje y/o creación multimedia.. que sin embargo he practicado (como Monsieur Jourdain que hablaba en prosa sin saberlo).

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