Su madre le pide que vaya al otro lado del río a ver a la bruja. Quiere que le pregunte si su padre sobrevivirá al invierno. Al pequeño Hans le aterra cruzar el río porque más allá del agua, en el bosque profundo, los espíritus pueden atacarlo. Las palabras de la bruja lo horrorizan más: “Si de vuelta a tu casa ves al fantasma de tu padre, entonces tu padre morirá”.

Un 2 de abril de 1805 nació el primer escritor para niños y jóvenes que le dio la vuelta a los cuentos de hadas. Retomó mitos y leyendas, pero también creó nuevos, con una escritura que ya no solo era una sucesión vertiginosa y fantástica de acciones. Andersen no temía detenerse en el paisaje y hacer largas descripciones de atmósferas, lugares y emociones. Era natural que lo hiciera, pues su escritura se enmarca en el romanticismo danés, pero fue innovador que lo dirigiera a un público infantil. E incorporó un elemento hasta entonces inédito en los cuentos para niños: la conciencia de un mundo interior. Personajes que dialogan con sus sentimientos, que expresan felicidad o terror en su mente.

Además, fue criticado, igual que Cervantes o Twain, por intentar reproducir un habla coloquial, un lenguaje oral que, ese sí, se salía de las normas estilísticas de la época y del gusto popular. Pero, poco a poco, sus historias encontraron eco y maravillaron.

Andersen habría de compararse a sí mismo con su Patito Feo, acomplejado por su físico, excluido de los círculos literarios en su momento, hoy es el mayor autor de Dinamarca y uno de los más leídos, adaptados, revisitados y traducidos del mundo.

Seguir los pasos de Hans Christian Andersen en su ciudad natal, Odense, Dinamarca, es vivir un cuento de hadas. Uno real. El autor de “La Sirenita” no contaba historias fantásticas, describía la realidad encantada que lo rodeaba. Este es un pequeño homenaje y una nota de viaje por su niñez y algunos de sus cuentos.

Andersen casa
Casa de nacimiento de Hans Christian Andersen. Su familia vivía en uno de los cuartos de la casa, en un barrio marginado y pobre.

 

TRAS SUS HUELLAS

Llegamos a la estación de tren de Odense y lo primero que reconocemos es la cara de Andersen: en un autobús, sobre una pared, en un folleto turístico. Esta es la ciudad del escritor y basta cruzar una calle para encontrar, literalmente, sus pasos. Unas suelas de zapatos rojas pintadas sobre el empedrado simulan los pasos del escritor y nos guían hasta su casa de nacimiento.

Su madre, lavandera, trajo al mundo a Hans un 2 de abril de hace 210 años, en un pequeño cuarto en una casa que compartían con cuatro familias más, en el barrio más pobre de Odense.

La primera parada de este “paso a paso” es esa casa, amarilla, de techo de teja, ventanas pequeñas y poquísimos muebles. Hoy, el lugar se ha extendido en un moderno edificio de cristal rodeado de jardines y un pequeño lago: el Museo Hans Christian Andersen.

andersen casa

andersen museo y huellas

Ejnar Stig Askgard, el director, nos recibe y nos guía por sus distintas salas: la impresionante biblioteca con traducciones a 160 idiomas de los cuentos de Andersen, la exposición de ilustradores que han dibujado sus historias, el vestíbulo con murales que narran su vida y las vitrinas que guardan cartas, medallas y diarios.

Ejnar nos cuenta que Andersen fue primero reconocido en el mundo, recibía invitaciones de reyes, se traducía al francés, al inglés, le hacían homenajes, pero en Dinamarca era considerado un escritor menor. Hasta que un día, como le había vaticinado una adivina al joven Hans, la plaza de Odense se iluminó en su honor. 

 

EL SUEÑO DEL TEATRO

Andersen
Andersen en su estudio de Copenhague, donde soñaba con iniciar una carrera actor y bailarín.

Salimos de esta casa museo y caminamos a la Plaza del Mercado, donde se encontraba el pequeño teatro de la ciudad en el que Andersen empezó a soñar con una carrera de actor y en el que logró actuar una única vez como extra.

Aunque no tenía dinero para ir a las funciones, Andersen recolectaba folletos y pósters de las obras, y soñaba con subir al escenario y ser bailarín, cantante o actor.

Los árboles nos abren paso hasta un lavadero de piedra a la orilla del río. Aquí venía la madre de Andersen a lavar. El frío y la pobreza la habían hecho alcohólica y murió cuando Andersen tenía 27 años. “La vendedora de fósforos”, aquel cuento triste en el que una niña muere de frío, está dedicado a su madre.

Más adelante, las suelas pintadas de rojo en el empedrado nos guían hasta una estatua de bronce del escritor que mira hacia la parte más profunda del río. Se creía que en esas aguas vivía un espíritu llamado Au-Mann que cada año se cobraba una vida. Andersen debía cruzar este río para ir a buscar leche al campo o para consultar a una bruja, pero le aterraba hacerlo pues se decía que el río protegía al pueblo de los espíritus del bosque, y al cruzarlo, uno quedaba expuesto a sus fuerzas ocultas.


LA REINA DE LA NIEVE

Sale a nuestro encuentro El Soldadito de Plomo y más adelante el Emperador estrenando traje. Doce esculturas de los personajes más conocidos de Andersen circulan por placitas y esquinas de todo el centro de Odense. Mi favorita (igual que el cuento), la de Los cisnes salvajes, volando en el centro de una extensión amplia de pasto, junto al río.

Seguimos las huellas rojas y entramos a otra casita amarilla con verde donde vivió Andersen de los 2 hasta los 14 años de edad. Aquí morirá su padre, Hans Andersen, un invierno, después de asegurar haber visto en el vidrio de la ventana, junto a su cama, la silueta de la Reina de la Nieve, que venía por él.

andersen casa infancia

Zapatero, hombre pequeño y de huesos frágiles, había vendido su lugar a un joven adinerado del campo para ir a la guerra. En aquella época vivir en el campo te obligaba a enlistarte, vivir en la ciudad y tener un oficio te exentaba. Era común que se vendieran los lugares.

El padre de Andersen vuelve de las guerras napoleónicas enfermo. El pequeño Hans cruza el río para consultar a la bruja sobre su futuro. De vuelta, le dice, si te encuentras con el fantasma de tu padre, él vivirá. Hans cruza aterrado, escucha silbidos y crujidos donde hay viento y aleteos de pájaros… pero se alegra, finalmente, porque no encuentra al fantasma de su padre. Tenía 11 años. Su padre y él eran muy cercanos, le leía la Biblia, le había construido un teatro de marionetas, le contaba historias.

El registro más antiguo de escritura a mano que se tiene de Andersen fue el epitafio de su padre:

“H. Andersen, zapatero, nació el 14 de diciembre 1782 y murió el 26 de abril de 1816 el viernes a las 8 en punto de la noche a la edad de 33 años 3 meses 3 semanas y 5 días”.

Luego, en el viejo cuaderno de cuentas militares del padre, Hans escribe sus primeros seis poemas y 25 títulos para obras de teatro.

Andersen taberna
Antigua taberna de Odense, cerca del Teatro.

 

 

LA PROFECÍA

Salimos de su segunda casa de la infancia y encontramos la imponente Catedral gótica de ladrillos rojos donde se casaron sus padres y la Plaza del Ayuntamiento, donde Andersen vio cumplirse la profecía de una adivina que le había dicho que un día Odense se iluminaría para celebrarlo.

En esta plaza, el 6 de diciembre de 1867, se hizo una procesión con antorchas para honrar al escritor, nombrado ese día ciudadano de honor. Andersen lo describiría como el momento más feliz de su vida.

Andersen plaza odense
Plaza del Ayuntamiento de Odense. Andersen sale al balcón central y saluda a todos habitantes que han hecho una procesión en su honor.

 

Continuamos hasta el Castillo del Rey Christian VIII, donde el pequeño Andersen jugaba con los hijos de otros sirvientes y con el propio príncipe Frederik VII, mientras su madre lavaba la ropa de la corte. Aquellos dos niños que jugaban juntos, Andersen y Frederik, serían, a la postre, los únicos dos ciudadanos de honor de Odense.

El recorrido termina otra vez frente a la estación de tren, como para invitarnos a comprar un boleto a Copenhague, igual que hiciera Andersen a los 14 años, tras su sueño de actor.

Andersen Patito FeoNunca tuvo éxito, siempre se sintió limitado por su físico de grandes facciones y sus 1.85 metros de altura (la media de su país en aquella época era 1.60), pero inició una carrera de escritor. Fue difícil al principio, tuvo muchos rechazos, pero terminaría por llevarlo a escenarios, palacios y plazas de toda Europa.

El cisne se sentía confuso y avergonzado, y en vez de pavonearse lleno de soberbia como tantos que se elevan desde la nada, ocultó la cabeza bajo el ala, pensando en las crueles e inicuas persecuciones que había tenido que sufrir antes de oírse llamar la más hermosa de aquellas magníficas aves. ¡Oh! ¡Y pensar que iba a reinar con ellas en aquel encantador estanque rodeado de deliciosos bosquecillos! Irguió su cuello gracioso y flexible, levantó sus alas, por entre las cuales zumbó la brisa, y se deslizó con elegante abandono por la superficie de las aguas, exclamando interiormente, lleno de alegría:

—“¡Cómo podía imaginar tanta felicidad, ni aún en sueños, en aquellos tiempos en que no era más que el pobre patito feo!”.

Andersen Patito Feo 2
Ilustraaciones: Theo van Hoytema.

 


Y EN COPENHAGUE

Más allá de la emblemática Sirenita, la estatua más fotografiada de Europa, hay tres lugares emblemáticos relacionados con Andersen que es imprescindible visitar.

andersen teratro real

1. Teatro Real de Copenhague

Aquí intentó emprender una carrera como actor y bailarín, pero fracasó. Su primera audición fue con una bailarina famosa de la época. Andersen presentó una impetuosa danza de una adaptación teatral de La Cenicienta. La bailarina lo rechazó y le confesaría años más tarde que había creído que estaba loco. Tuvo dos audiciones más pero nadie le vio futuro en los escenarios. Sin embargo, siempre permanecería cerca de ese mundo, se haría amigo cercano de actores y actrices y escribiría varias obras de teatro. El Teatro Real, construido en 1748 por orden del Rey Federico V, está en la Plaza Kongens Nytorv.

 

Andersen Cop2. Casa del muelle

Nyhavn, el embarcadero más famoso de la ciudad, con sus casas coloridas, sus terrazas para comer y su cercanía al Teatro Real, fue elegido por el autor para vivir. En el primer piso del número 18 se conserva una reconstrucción de su estudio.

 

Andersen tumba 23. Cementerio

Andersen murió de cáncer en 1875. Nunca se casó ni tuvo hijos. El Cementerio de Assistens en el barrio Norrebo conserva sus restos entre pasillos llenos de árboles y jardines. En su lápida se grabaron versos de su poema “Un hombre viejo”, sobre el alma inmortal.

 


 

“La vida misma es el cuento de hadas más maravilloso”.

andersen sombrero

 

GALERÍA DE FOTOS

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5 Comentarios »

  1. Me encantó esta expedición, la compartiré con mis alumnos. Es maravilloso leer a Andersen a mayores y contrastar lo que imaginaban de niños a lo que ven ahora. Gracias por llevarnos a su infancia.

    • Qué bueno que la disfrutaste, Clau. ¡Claro, compártela! La vida de Andersen está llena de misterios y sorpresas. Y sí, muchos de sus cuentos me parecen más accesibles para los adultos. Pero qué interesante lo que haces de leer a mayores. ¡Un abrazo!

  2. Cuando estaba pequeña mi mamá me compartió su más grande tesoro, un libro ilustrado de los cuentos de Andersen. Leer éste artículo me recordó la experiencia única de leer cada una de sus historias… ¡Que bonito! Muchas gracias.

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