¿Existió una vez, hace mucho tiempo, en una aldea rodeada de bosques, una niña que usaba una caperuza roja? ¿Y desobedeció un día, y se distrajo, y la devoró un lobo? ¿Cuál era su nombre? ¿Cuántos años tenía? ¿Dónde vivió exactamente? ¿Quiénes empezaron a contar su historia?Caperucita Adolfo Serra 3

Gilles de Rais fue un noble del siglo XV, nacido en la región francesa de Bretaña, mariscal en la Guerra de los Cien Años, aficionado a las bellas artes y asesino en serie. Sus crímenes sanguinarios inspirarían, en parte, el cuento de Barba Azul escrito por Charles Perrault y publicado en 1697 en su libro Historias o Cuentos del tiempo pasado con moralejas. Algunas fuentes sugieren que Perrault se inspiró también en otros personajes históricos como el conde bretón Comor y el rey Enrique VIII de Inglaterra.

El pasado de Caperucita, sin embargo, es más incierto. Algunos creen que sería una niña china que vivió hace unos 800 años y cuya historia llegó a Europa con la seda, a través de la célebre ruta comercial; otros dicen que fue una niña india o iraní, y que el lobo era un zorro o un tigre, y que se disfrazaba de cabra u oveja, no de abuela.

El consenso general indica que no habría una niña, sino muchas, y muchos niños, devorados por lobos, zorros y tigres en muchos lugares del mundo más o menos al mismo tiempo. Y que los padres empezaron a contar esas historias a los hijos para advertirles del peligro. Y también para entretenerse entre adultos con versiones donde se acentuaban las connotaciones sexuales del relato.

Pero antropólogos como Jamie Tehrani de la Universidad de Durham, en Reino Unido, no se conforman. Tehrani publicó un estudio en 2013 en el que aplica un modelo matemático de biología evolutiva para intentar encontrar a la primera Caperucita. 

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“Rastrear los orígenes de un cuento es hacer el trabajo de un biólogo que muestra, por ejemplo, que los humanos y los grandes simios compartían un antepasado común pero evolucionaron para ser especies distintas”, explica Tehrani.

Después de analizar 58 versiones de 33 poblaciones distintas y analizar aspectos de la trama, los personajes, los objetos, encontró que en el árbol genealógico de Caperucita figuran un grupo de hermanos, que en algunas versiones son humanos y en otras cabritos. “El Cabrito y el lobo” de Esopo o el cuento popular “El lobo y los cabritos”.

Caperucita Adolfo Serra

Sin embargo, estas historias servirían más para hacer una genealogía del lobo. Ya en Esopo un lobo finge la voz de la madre cabrita para engañar al cabrito, aunque este es más astuto y lo descubre. En algunas versiones de los siete cabritos, el lobo se pone una piel de cabra para engañar y comerse, este sí, a los pequeños. En otras, sobre todo la popularizada por los Hermanos Grimm, siete cabritas son engañadas y seis son devoradas por el lobo. Solo una se salva y acompaña después a la madre al campo, donde encuentran al lobo durmiendo. La madre abre la panza del lobo con unas tijeras, saca vivas a sus hijas y rellena la panza del lobo con piedras.

Las cabritas y el loboAunque comparten giros dramáticos con Caperucita Roja, según los folcloristas estas historias pertenecen a un tipo distinto de cuentos (según la clasificación ATU para cuentos de hadas).

De acuerdo con Tehrani, parientes más directos de Caperucita se hallan en Francia, Austria y el norte de Italia, en donde era popular “El cuento de la abuela” (en versiones asiáticas: “La abuela tigre”), en el que una niña, que no usaba ninguna caperuza roja, va a visitar a su abuela, pero descubre que el lobo se la ha comido y se ha puesto su ropa. Entonces la niña pide permiso al lobo para ir al baño (afuera, en el bosque). El lobo desconfía y le ata una soga al pie. En el bosque la niña ata la soga a un árbol y escapa.

 

CatterinellaCatterinella, la prima de Caperucita

Otra niña en estas historias de tradición oral es Catterinella, la prima traviesa de Caperucita. Catterinella va a visitar a una tía con una canasta llena de pasteles, pero en el camino no puede resistir la tentación y se los come. Para no llegar con la tía con la canasta vacía, reemplaza los pasteles con estiércol de burro. La tía, que en realidad es una bruja (en algunas versiones es un tío hombre-lobo), se da cuenta más tarde y, furiosa, va a buscar a Catterinella esa noche a su casa, la sorprende en la cama y se la come.

El parentesco es innegable, pero los registros del “El cuento de la abuela” y “Catterinella” son posteriores a la versión de Caperucita de Charles Perrault.

Entonces, ¿cuál es el verdadero antepasado de Caperucita? y ¿de dónde salió la caperuza roja? 

Hay un poema que aparece en las primeras ramas del árbol genealógico de Tehrani, el poema que inspiraría a Perrault. 

El origen de la caperuza roja 

Caperucita Arthur Rackham
Ilustración de Arthur Rackham.

El cuento popular de la niña engañada y devorada por un lobo pudo haber llegado de Medio Oriente a la Europa Medieval y allí propagarse entre los campesinos que lo relataban.

Entonces, en el siglo XI, lo escuchó el sacerdote Egberto de Lieja, quien escribiría un poema en latín para incluir en un libro medieval de uso escolar llamado Fecunda Ratis: “La Nave Fértil”. Así lo cuenta otro estudioso de Caperucita, el escritor e investigador, Manuel Peña Muñoz.

Pudo haber, además, una niña valona de cinco años de edad, hace más de mil años, que inspirara a Egberto de Lieja a escribir este poema. En él, mezclaría el relato popular de los campesinos con símbolos cristianos. 

“Se trata de un texto metafórico de alusión cristiana al bautismo. La capa roja, como el bautismo, sirve a la niña de protección contra el demonio”, dice Peña Muñoz.

Conozcamos, entonces, ese poema, el de la primera Caperucita Roja (traducida del latín por Rafael de León, en 1964, y recuperada por Peña Muñoz):

 

Lo que os digo, en el campo se cuenta de igual modo

y no es tan sorprendente como digno de crédito

al sacar en la iglesia a una niña de pila

le regalaron una caperuza roja.

La quinta quincuagésima se celebró el bautizo

cuando al alba la niña cumplía cinco años.

Después, mientras andaba sin cuidado ninguno

le salió al paso un lobo que se la llevó al bosque

y dejó por comida la presa a sus cachorros

que la acosaron juntos y no pudiendo herirla

mansamente empezaron a lamer su cabeza

– No me rompáis, ratones, dijo entonces la niña.

esta caperucita que me regaló mi padrino.

Templa el Dios que los hizo, los destemplados ánimos.

 

Señala Manuel Peña Muñoz: “Lo más importante del cuento de Egberto es el mensaje cristiano y la idea de la protección de la túnica roja contra el peligro del lobo, que en el contexto medieval, es la representación del demonio, por consiguiente del pecado. Como el texto aparece en un libro de lectura para los niños, la idea del autor es convencer de las virtudes del bautismo como coraza o protección contra el mal y propagar esta costumbre entre las familias”. 

Además, explica Manuel, el padrino le regala la caperuza “la quinta quincuagésima”, es decir, Pentecostés, que era el día, junto con la víspera de Pascua, cuando se bautizaban a los niños.

“En esta fecha de la liturgia cristiana, los sacerdotes empiezan a utilizar la casulla de color rojo, en tanto que los niños que van a ser bautizados utilizan una prenda de este color, por eso el padrino se la ha regalado. Curiosamente esta prenda es la que figura en el título en todas las versiones: la Caperucita Roja. En el poema de Egberto va a ejercer como instrumento de salvación, es decir, va a ser un verdadero talismán que la protege de la muerte”. 

No será así en la versión de Perrault, en la que Caperucita, sabemos, no es protegida mágicamente por la capa, sino que muere devorada por el lobo. Deberán pasar dos siglos para que los Hermanos Grimm la emparienten con los siete cabritos y la saquen de la panza del lobo.

El estudio completo de Jaime Tehrani puede consultarse aquíen inglés. Una de sus conclusiones es que Caperucita viajó a China desde Medio Oriente y Europa y no a la inversa como se creyó mucho tiempo.

“La versión china se deriva de las tradiciones orales europeas. Los chinos en realidad mezclaron la caperucita roja, el lobo y los siete cabritos con cuentos del folclore local para crear una nueva versión”, explica Tehrani.

No sabemos exactamente si Caperucita tuvo un nombre. ¿Sería una niña valona de 5 años de edad, que vivió hace más de mil años en Lieja? Pero su descendencia es tan vasta que hay una Caperucita en toda familia y biblioteca. Compartimos con ella el horror, la astucia y los distintos finales. Tiene un pasado incierto, pero un futuro asegurado.

Ilustración de portada e interiores tomadas de la versión de “Caperucita roja” de Adolfo Serra (FCE). Agradezco a Manuel Peña Muñoz por compartir su investigación sobre Caperucita.

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Adolfo Córdova

Periodista, escritor e investigador. Maestro en Libros y Literatura Infantil y Juvenil por la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Red Internacional de Investigación Universitaria en LIJ (RIIU-LIJ). Desde 2008 he publicado más de 300 reseñas, notas, entrevistas y ensayos críticos de LIJ en distintos medios impresos, principalmente en el periódico Reforma, donde además fui editor; y en medios digitales, como la plataforma RedLee del Goethe Institut México, la revista Había Una Vez y la Fundación Cuatrogatos. He sido becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA y de la ONU. Impartí talleres y conferencias en México, Argentina, Chile y España y soy profesor de cursos de LIJ en la UNAM y en la plataforma virtual de IBBY México. Este año he sido invitado como ponente para el XVIII Seminario Internacional de Fomento a la Lectura de la FILIJ. Colaboro con la Biblioteca Vasconcelos y preparo una antología de cuentos clásicos para CONACULTA. Mi primera novela Para la niña detrás del árbol, publica este año en la primera colección de LIJ de Pearson para Latinoamérica.

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De niño me gustaba jugar a los desastres naturales, inventar cuentos y pasear en mi triciclo rojo.

Todos los domingos íbamos a la playa. Pero yo prefería los nortes del invierno. O brincar de una roca a otra en la selva de los Tuxtlas y nadar en una alberca con el agua verde.

Nací a medianoche, en los primeros minutos del 15 de agosto de 1983, en un cuarto de un hospital muy pequeño, que tenía una ventana por la que se veía un almendro. En Veracruz, México.

Espero envejecer como mis abuelos y que alguna vez alguien vuelva a mis cuentos y novelas para volver a su infancia.

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He tomado talleres de crónica, narrativa y literatura infantil y juvenil con María Teresa Andruetto, Teresa Colomer, Marina Colasanti, Daniel Goldin, Brenda Bellorín, Cecilia Silva Díaz, Michèle Petit, Joëlle Turin, Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Manuel Peña, Julio Villanueva Chang, Andrea Fuentes Silva, José Luis Martinez Suárez, José Homero, entre otros.

Tengo una maestría en Libros y Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona. Estudié Ciencias de la Comunicación, enfocado en Periodismo, y un certificado en Literatura en la Universidad de las Américas Puebla con la beca Excelencia Jenkins. Fui editor del periódico universitario y presidente de la asociación ambiental estudiantil.

Mi tesis de licenciatura fue una propuesta de revista de arte y ambientalismo que me hizo graduarme con Magna Cum Laude, obtener el Premio Estatal de Periodismo Luis Tecuapetla en Puebla y el segundo lugar del Premio Nacional de Trabajos Recepcionales del CONEICC. Una versión muy parecida de la revista fue adoptada por el periódico Reforma para publicarla bimestralmente con el nombre de “Verde” y continúa vigente.

Fui reportero y editor de suplementos especiales del periódico Reforma, donde constituí y edité varias revistas. He publicado mis textos en revistas digitales e impresas como Punto en línea, Picnic, La Peste, Pijama Surf, Letras Explícitas, Registro, México Desconocido, Revista Había Una Vez, Cuatrogatos, Ventana de Papel, Ciclo y Genial y Like (revistas y secciones infantiles y juveniles del periódico Reforma).

Fui elegido por el Banco Interamericano de Desarrollo como periodista representante de Latinoamérica para la cobertura del Primer Foro de Crecimiento Verde celebrado en Seúl, Corea del Sur; por las Naciones Unidas para cursar talleres de periodismo ambiental en Indonesia y Panamá; y por la embajada de Israel en México como periodista represente de Latinoamérica en la Conferencia de Tecnologías del Agua PRE WATEC en Tel Aviv.

Vivo en la ciudad de México desde el 2008. Escribo de viajes, medio ambiente y LIJ para el periódico Reforma.

Trabajo con grupos de promoción de lectura en primarias y en la Biblioteca Vasconcelos, y soy fundador de la biblioteca comunitaria BRINCO-Lectura.

Soy miembro de la Red Internacional de Investigación Universitaria en LIJ, por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. He impartido talleres y ponencias en diversos congresos y encuentros, y soy profesor invitado en los cursos de LIJ de la Universidad Nacional Autónoma de México y en A Leer/IBBY México.

También colaboro con la Dirección General de Publicaciones del CONACULTA, la revista chilena Había Una Vez y la Fundación Cuatrogatos.

Además soy educador ambiental certificado por el CECADESU.

He sido becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA.

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